jueves, 12 de marzo de 2009

"Gran Torino", vuelve Harry el Sucio.

Clint Eastwood no nos da respiro, el tipo duro por excelencia da la cara por (presunta) última vez.

Una de las últimas grandes películas del año pasado fue "El Intercambio", estrenada a finales de diciembre, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Angelina Jolie; en una cifra récord, menos de tres meses después, el gran Clint Eastwood vuelve a la carga con otro drama: "Gran Torino", esta vez de corte mucho más humilde y con él mismo como protagonista absoluto, y de nuevo para no variar ofrece otra lección de cine en lo que parece una especie de auto-homenaje disimulado que está provisto de una gran dosis de nostalgia: vuelve el tipo duro por excelencia, pero lo hace como si ya estuviera apartado de todo, aislado en su barrio y en su casa, cansado de la vida. Ya hablé del talento del actor y director en aquella película a principios de este año y sería redundante volver a hacerlo así que me centraré en lo que ha supuesto "Gran Torino"; para empezar es la propuesta modesta que contrarresta con la ambiciosa "El Intercambio", cuyo presupuesto fue de $55M (algo no tan "ambicioso" como podría parecer) que le retribuyeron una taquilla de $100M nada desdeñable, pero sorprendentemente ha sido "Gran Torino" la que con menos inversión ($33M de presupuesto) ha conseguido unas ganancias mucho mayores, $160M de recaudación, cifra que sigue aumentando día a día y que además ha recibido el soporte rotundo y categórico de la crítica y del público, en uno de esos peculiares casos donde los dos ámbitos consiguen ponerse de acuerdo y reconocer los méritos de un film. Esta es una de esas películas que le ayudan a uno a recordar por qué ama el cine.

"Gran Torino" es principalmente un drama, la historia se centra en Walter Kowalski, un veterano de la Guerra de Corea de carácter amargado, apático, muy racista y chapado a la antigua, que vive con su perra en un barrio residencial habitado casi en su totalidad por emigrantes asiáticos y que no tiene ningún interés por la vida tras la reciente muerte de su esposa. El que sea un drama no significa que sea un film que no haga reír, si algo hace "Gran Torino" es divertir al personal, toda la sala de cine (llena hasta los topes como pocas veces la he visto, por cierto) se rió y divirtió con el carácter y los constantes desprecios de Walt, sinceramente está muy cerca de ser una comedia en muchos puntos pese a su tono serio debido al gran carisma del actor y la forma de perfilar su personaje. El hilo argumental es principalmente dramático, centrándose en los sucesos de los vecinos de Walt que reciben el acoso de una panda local de su propia comunidad hmong (una etnia montañesa de Vietnam, conocida también como miao) y en cuyos asuntos Walt también se ve involucrado cuando se les ocurre la desastrosa idea de tocar su coche, un Ford Gran Torino del 72' que tiene desde hace 35 años y que es su mayor tesoro, símbolo del espíritu americano que tanto añora y adora. Una frase que dice Walter en el film define a la perfección el argumento en parte: «¿Sabes aquello de que algún día puedes cruzarte con alguien a quién no deberías haber jodido? Pues ese soy yo.», el veterano no se amilana ante la presencia de peligrosas pandas que creen ser los amos del barrio dónde él lleva viviendo décadas, sean de la etnia que sean, y no duda en plantarles cara y darles lecciones de comportamiento en suelo americano. El personaje de Walter Kowalski está perfectamente construido, desde el principio conocemos mucho de él por pequeños gestos (absolutamente geniales los gruñidos guturales que durante toda la película emite) y por las muestras de su carácter que no esconde ni disimula en ningún momento; vive en terrero desconocido, a pesar de estar en su propia casa se siente un extraño rodeado de extranjeros y ni siquiera su familia le resulta confortable ya que éstos no le conocen ni entienden en absoluto. Estas condiciones propician que acabe acercándose a sus vecinos hmong a raíz de un incidente y poco a poco el malhumorado y xenófobo Walt se sentirá arropado por los demás y mejor consigo mismo, lo que le dará una oportunidad de volver a sentirse vivo y comenzar de nuevo.

La actuación de Clint Eastwood es el 75% de la película, a sus casi 80 años vuelve a la carga cuatro años después de su última interpretación en "Million Dollar Baby" (por la que recibió su segunda nominación al Oscar como actor) y esta vez vuelve a ser grande, el gran Eastwood que adoramos, el tipo duro, una especie de Harry 'El Sucio' Callahan con unos años de más que ha forjado su carácter a lo largo de los años, alguien a quién parece imposible hacerle cambiar de parecer y que vive menospreciado por sus seres queridos. Desde el primer momento vemos en Eastwood una serie de matices que nos comienzan a dar un perfil completo y concreto de Walt, sus gruñidos como he comentado expresan toda esa disconformidad con su familia quienes no respetan siquiera el entierro de su esposa, tanto nietos como hijos, y más tarde se materializa esa distancia con su familia cuando se siente un forastero rodeado de su propia familia en su propia casa. La relación con sus hijos Steve y Mitch, interpretados por Brian Howe ("Atrápame si Puedes") y Brian Haley ("El Hombre que Nunca Estuvo Allí") respectivamente, es de completos desconocidos, Walt no los conoce a ellos y viceversa lo cual queda totalmente demostrado en el momento en el que Mitch y su esposa Karen, interpretada por Geraldine Hughes ("Rocky Balboa"), visitan a Walt en su cumpleaños para tratar de "ayudarle" enviándolo a una residencia de abuelos sin ser conscientes de que Walt se vale por sí mismo perfectamente (el momento del palo para coger cosas es brutal), cosa que también materializa el poco respeto que le tienen ya que lo único que desean es poder vender la casa y quedarse con sus pertenencias, incluido el Gran Torino que su nieta tanto ansía.

El actor refleja a la perfección la actitud cerrada ante la vida, la posición defensiva ante los suyos y los extranjeros para mantener la distancia; a la única persona a quien demuestra un poco de respeto es a su difunta esposa y también a su perra. No se deja pisotear por nadie sean lo jóvenes o peligrosos que sean, demostrando que el viejo Walt aún tiene mucha cuerda y mucha mala leche que gastar, y tampoco se deja engañar por la iglesia en la que evidentemente ha perdido la fe desde hace mucho tiempo, elemento representado por el joven padre Janovich (correctísimo Christopher Carley) que no ceja en su empeño de tratar de convencer a Clint que se acerque a él y se confiese, cumpliendo así el deseo expreso de su esposa antes de morir. El padre representa la perseverancia y muestra el conflicto de Eastwood con la iglesia muchas veces mostrada en su filmografía, y finalmente es el padre quien ofrece a Walter la posibilidad de darle a su vida otro punto de vista, hacer un balance entre la vida y la muerte y sopesar qué es lo que él conoce mejor; al fin y al cabo la película también explora ligeramente dichos conceptos e intenta darles sentido desde un punto de vista cerrado en banda desde el principio como es el de Walter. Sinceramente creo que Clint Eastwood debería haber estado también entre los nominados a Mejor Actor en estos Oscar, y en general no es comprensible como es que la película ha sido menospreciada así por la Academia (que no la consideró para ninguna categoría) cuando es evidente que ha sido de las mejores películas del año, una de aquellas obras maestras que sin ser perfectas cumplen su cometido con brillantez y talento.

"Gran Torino" expresa un cambio también en las generaciones y una diferencia entre las culturas; la abuela hmong vecina de Walt me parece uno de los personajes más interesantes del film sin mediar casi palabra, porque ella es el equivalente a él en la cultura hmong y representa el punto de vista del extranjero, que tampoco acepta al americano ni estando en su propio terreno. Es genial esa escena en la que Walt escupe con desprecio al suelo y la abuela le da una exagerada réplica, como notificando que el desprecio es mutuo y no piensa amilanarse. Ambas culturas tienen sus tradiciones, nosotros desde el punto de vista occidental podemos ver "ridículas" algunas de las de la etnia hmong, pero realmente la sensación que tienen ellos de nuestras tradiciones (el entierro de la mujer de Walt vs. el nacimiento del bebé hmong) es la misma. En cuanto a generaciones ambos también ven como sus hijos y sus nietos son diametralmente opuestos a ellos, ya no acatan con devota fe las tradiciones de los mayores y demuestran que este conflicto existe al margen de las culturas, en toda y cada una de ellas, y todo se somete a un proceso de adaptación al medio y a los tiempos que corren. Otro personaje cuya relación con Walt me pareció muy interesante es el del barbero, interpretado por John Carroll Lynch ("Zodiac"), una forma de mostrar el modo de vida de los que han crecido en EEUU y se aferran a los viejos tiempos, una especie de mirada atrás, nostálgica.

«Me han llamado muchas cosas, pero nunca gracioso.» dice Walter Kowalski en un diálogo de la película, y es que el guión de Nick Schenk (basado en una idea suya y de su compañero de piso Dave Johannson al descubrir la historia y cultura de los hmong tras la Guerra de Vietnam) tiene un alto componente de comedia pese a ser un film que nada tiene que ver con la risa. Durante las dos horas de película te ríes mucho, todo gracias al personaje de Walt y su trato hacia sus vecinos, por los que siente verdadera animadversión, y el constante desprecio hacia éstos y todos los que se cruzan en su camino, ya sean sus hijos o nietos, el padre Janovich o las bandas locales en quienes aplica toda su dureza. Pese a tener un claro tono racista y xenófobo los chistes, motes (uno tras otro) y actitud de Walter provoca una perenne sonrisa en el espectador («Quizá sea difícil de creer para alguien como tú , pero todas estas herramientas las he comprado con mi dinero.»), que contrasta totalmente con las situaciones más dramáticas y tristes, como la degenerativa tos de Walter (la escena en la que llama a su hijo es bastante demoledora), el asunto con la banda hmong y el acoso a Thao entre otras. Quizá el guión peca de ser algo predecible, pero el encanto que tiene la historia de "Gran Torino" está en que es una película bastante simple, que cuenta una historia trágica con muchos toques de humor camuflados que hacen que el film sea imposible de clasificar como comedia pero que te hace reír mucho, y que pese a ser una trama sencilla es bastante épica y heroica y sobre todo aleccionadora en cuanto a lo absurdo del racismo y la intransigencia. La película se hace grande gracias a los pequeños detalles, a los diminutos elementos que la convierten en una obra construida poco a poco con mucho cariño y tacto y a sabiendas de su humildad, y sobre todo de una grandísima clase gracias al toque cualitativo de Clint Eastwood.

El realizador vuelve una vez más a realizar una dirección sencilla y eficiente, sin grandes alardes pero potenciando algo que en la filmografía de Eastwood alcanza siempre el máximo nivel: la composición fotográfica (obra de Tom Stern, habitual de Clint), además de una música simple que acompaña la película de forma reservada pero presente. No hay nada que achacar a la dirección de Eastwood, sigue el patrón que se ha marcado en sus últimos films y continúa la línea ascendente que se ha marcado como director; recientemente dijo que "Gran Torino" sería el último film donde haría las veces de actor, en todo caso si esa etapa se cierra está claro que como realizador aún tiene muchas alegrías que darnos, aunque ya a día de hoy el nombre de Clint Eastwood se puede alzar definitivamente en la lista de los mejores directores vivos en la actualidad y desde hace muchos años. En esta película no ha compuesto la banda sonora como hiciera en "El Intercambio" (por la que recibió una nominación al Globo de Oro), y de hecho el estilo, utilizando mucho el piano, se parece bastante al suyo ya que es su hijo Kyle Eastwood quien firma la BSO junto a Michael Stevens (que también compusieron la de "Cartas desde Iwo Jima"), aunque no tiene la garra de las bandas sonoras del propio Clint. Lo que sí tiene es una gran canción final lenta cantada por el propio Clint Eastwood con su voz ronca y por Jamie Cullum, escrita por ambos junto a Kyle Eastwood y Michael Stevens y que sirve de perfecto colofón al plano final del film, y que recibió una nominación en los Globos de Oro que acabó ganando Bruce Springsteen por sus títulos de crédito en "El Luchador". Por cierto, el final de la película es absolutamente perfecto y maravilloso, uno de los grandes finales del año sin duda, tremendamente emotivo en su escena final.

"Gran Torino" se ha convertido en una de las películas imprescindibles de este 2009 (en España), una película que se sostiene en los pilares de la humildad, la sencillez, la clase y la capacidad para emocionar al espectador en un amplio espectro sentimientos. Clint Eastwood reafirma por enésima vez su talento y su estado de forma tanto artístico como físico, es capaz de imponer tanto respeto como en sus buenos años cuando interpretaba a Harry El Sucio o a cualquier pistolero de la saga de Sergio Leone, manteniendo intacto su carisma y regresando a los buenos tiempos del tipo duro y alejado de los convencionalismos; como director tampoco hace otra cosa que reafirmar su categoría y regalarse otro film de los que se seguirán hablando de aquí a muchos años, una película con actores desconocidos (la mayoría del reparto hmong no había realizado una película nunca, como los de "Slumdog Millionaire") y de un tono heroico excepcional. La crítica ya la ha alabado, y el público sigue coronándola, de momento ocupa el puesto #81 en el Top 250 IMDB, superando incluso a "El Intercambio" y representando lo que está gustando este film, una joya que deja claro que al bueno de Clint le quedan muchos días que alegrarnos con su cine.

Mi puntuación: 9/10.

Por cierto, este es mi artículo número 100 desde que comencé con Videa Bien..., ¡Cómo pasa el tiempo!

5 comentarios:

filomeno2006 dijo...

¿Escena de confesión ante un sacerdote católico?

Santi dijo...

Finalmente la escena de la confesión resulta un tanto ridícula, quizá así Eastwood querría mostrar que no es tan difícil hacer las paces con uno mismo; el hecho de darle importancia a la confesión parecía aumentar el rechazo de Walter.

Me resulta algo contradictorio que tras estar rechazando la Iglesia durante toda la película Eastwood (el director) acabe optando por hacer que su personaje entre en el juego, aunque creo que el objetivo era cumplir con los deseos de su difunta esposa más que afrontar sus miedos y hacer las paces con Dios y el padre Janovich.

Anónimo dijo...

llama a su hijo por que le detectan algo serio en el hospital? no entendi esa parte.. pero por todo en general, de las mejores peliculas que he visto en mi vida... un final soberbio, una trama que te mantiene entretenido y una actuación magnifica de eastwood..

Santi dijo...

[[¡CUIDADO SPOILERS!]]

Anónimo, efectivamente a Walter le detectan alguna enfermedad terminal (seguramente un cáncer, por la sangre y el tabaco) y llama a su hijo para decírselo, pero se da cuenta de que no es capaz de hacerlo porque para él sus hijos son como extraños.

Y efectivamente, un peliculón impresionante. Gracias por el comentario ;) .

Pramod Negi dijo...

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