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jueves, 12 de noviembre de 2009

"Ip Man", la leyenda del Wing Chun.

Excelente biopic con dosis de ficción del conocido maestro de Bruce Lee.

Ip Man (Yip Man en chino) es ampliamente conocido por ser un gran maestro y pionero en el arte marcial del Wing Chun (también conocido como Wing Tsun), una espectacular y feroz técnica basada en la anticipación intuitiva y en la velocidad y contundencia a corta distancia. Entre los discípulos que tuvo Ip Man destaca uno que se convirtió en una estrella de fama mundial, Bruce Lee, y es quizá por ello una figura conocida y respetada en occidente. En 2008 Wilson Yip ("Flash Point", "Dragon Tiger Gate") decidió llevar a cabo por primera vez una película semibiográfica (tiene algo de biopic y grandes dosis de ficción) basada en la vida del maestro durante los años 30' en Foshan, su ciudad natal y cuna de artes marciales, la cual fue sometida por el Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Chino-Japonesa (1937-1945). "Ip Man" se centra no solo a las increíbles técnicas de combate y habilidades del mítico luchador, sino también en su apacible vida y en el posterior horror y sufrimiento provocado por la represión de Japón sobre el pueblo chino durante la cruenta invasión.

"Ip Man" es una película que podría encuadrarse a la vez en varios géneros aunque el principal sea, por supuesto, el de las artes marciales; se adentra en el drama de forma explícita, tanto por lo ocurrido con su familia como lo sufrido durante la guerra, también resulta ser una película épica por el corte heroico (y hasta legendario) de su protagonista e incluso está presente implícitamente el género bélico, aunque más por el contexto que por la acción. Al fin y al cabo, como digo, es una película de peleas y palos, pero está muy bien contextualizada de forma que narrativamente la acción está más o menos sustentada sobre una historia sólida y creíble que no limita la película a ser una simple unión de espectaculares peleas sin más argumento. El film tiene un ritmo excelente, durante los 105 minutos que dura no dejan de sucederse las peleas, bastante variadas y sobre todo muy espectaculares, siendo éstas la mayor baza de la cinta —como debe de ser— y los momentos cumbres de ésta.

Ganadora del Premio Orient Express (a la mejor película asiática) en la 42ª Edición del Festival de Sitges (2009), la película goza de una calidad en el apartado técnico sobresaliente, destacando una impresionante fotografía obra de Sing-Pui O con tonos muy ocres en el primer tercio y grisáceos y pálidos en los dos últimos, y una BSO de toques muy orientales de la mano Kenji Kawai, llena de efectos de sonido —percusión, sobre todo— que acrecientan la sensación de tensión en los momentos de lucha y dotan de dramatismo a las crudas secuencias de desolación en Foshan. Los efectos de sonido son otro de aquellos aspectos que hacen grandes a las películas de artes marciales y este caso no es diferente, teniendo unos contundentes FX sonoros que ayudan a la espectacularidad de la acción sobradamente. Mención especial merece el logrado trabajo de ambientación de la década de los 30', una dirección artística que ayuda al espectador a meterse de lleno en la historia y comprender la catástrofe sufrida por China.

Las coreografías de "Ip Man" son deliciosas, quizá se peca de abusar algo de cables y efectos artificiales que por momentos no cuadran mucho con el tono más o menos realista de las peleas, pero se perdona el no abusar de ellos demasiado. De las muchas peleas que hay en la película podría destacarse sobre todo la de los diez karatekas, una de las escenas de pelea más espectaculares e increíbles que recuerdo haber visto, para verla y reverla las veces que haga falta, alucinante. En general están rodadas con gran pulso, imprimiendo un ritmo excelente a base de intercalar cámara lenta y normal, con una dirección más que correcta por parte de Wilson Yip que hace que no perdamos detalle de ningún puñetazo ni patada, favoreciendo que nos regocijemos en cada contundente golpe de la eficaz técnica del Wing Chun, un arte marcial ejecutado con genialidad por un extraordinario Donnie Yen que a sus 45 años hace temer más sus golpes que a un tiro de escopeta. Yen, que ya trabajó anteriormente con el director, se luce enormemente en la piel de Ip Man y consigue comerse la pantalla, transpirando seriedad, tranquilidad y respecto, en un personaje que destila carisma, humildad y potencia, un personaje al cual no querrías verse remangar en una lucha contra él. Cada momento en el que Ip Man pelea el nivel de la película aumenta, y exceptuando uno de los combates en el resto siempre mantiene la calma lo que le hace un rival aún más temible. Donnie Yen también convence cuando el personaje no pelea, logrando reflejar una figura respetable, amada, apacible, con responsabilidades familiares y con gran sentido de la justicia, un héroe diseñado para enamorar al espectador.

El resto de secundarios están bien, aunque noté cierto artificio en los doblajes de la película (en la cinta se hablan tres idiomas: cantonés, mandarín y japonés), y a la hora de luchar los hay que se defienden muy bien como Siu-Wong Fan en la piel del campesino y delincuente Jin Shan Zhao, Chen Zhi Hui como el Maestro Liao y hasta Yu Xing como 'Wu Chi' Lin. A destacar la aparición de Louis Fan Siu-Wong, actor protagonista de la mítica "Historia de Ricky". También el general nipón Miura está excelentemente interpretado por Hiroyuki Ikeuchi, aunque no resulta ser un contrincante suficientemente malo como para alzarse como un villano realmente temible, y es que en ningún momento se da en la película la sensación de que nadie pueda hacerle sombra al poderoso Ip Man. Eso sí, en la pelea final es cuando se distingue mejor la mezcla de estilos enfrentados, el japonés y el chino.

La película, realizada en Hong Kong, también tiene tiempo de presentar una severa crítica acerca del abuso nipón durante su invasión a China en el periodo de la IIGM; algunas de las atrocidades que cometieron se muestran claramente y queda patente el odio al pueblo chino por parte de los japoneses, un ejemplo claro es el de los combates en el gimnasio para diversión del General Miura, que tiene a los chinos por seres inferiores con los que divertirse. También se evidencia la pobreza a la que el pueblo chino se vio sometido debido a la llegada del Ejército Imperial Japonés, ya que el mismo Ip Man vivía como un Rey y más tarde se vio obligado a vivir como un pordiosero en un cochambroso cuarto con su familia, pasando hambre y sufriendo las penas de la guerra. Los chinos, que viven como esclavos, aprenden a sobrevivir con lo que tienen e Ip Man actúa también como líder espiritual, como se puede comprobar con el hilo narrativo de la industria de algodón, guiando al pueblo Foshan y alzándose como un héroe, una leyenda viva que se forja su propia fama no solo por sus dotes en las artes marciales sino por su filosofía e ímpetu. Aunque a veces "Ip Man" peca de querer desviarse demasiado hacia el drama sensiblero funciona bastante bien como película dramática light, sin alcanzar cotas realmente sobrecogedoras ni de lejos. Quizá un poco más de sentido del humor hubiese ayudado a la película a ser más entretenida. Además, la película puede dividirse en dos partes claramente identificables, el primer tercio donde se muestra la majestuosidad de la figura de Ip Man y la tradición luchadora del pueblo de Foshan, y los dos tercios restantes donde se puede comprobar el horror al que está sometido China durante la invasión japonesa. En ambas partes la cinta funciona perfectamente, y aunque se nota que la segunda parte es la que más importancia narrativa tiene la verdad es que el más simpático es el primero de sus segmentos.

"Ip Man" es una película "de palos" más que decente, un espectáculo entretenido que no decepciona y reivindica una de las figuras más importantes de las artes marciales chinas, un maestro invencible cuyo estilo marcó época. Gracias al éxito de la película (varios premios en todo tipo de festivales, sobre todo en nacional de Hong Kong y una buena taquilla) se ha asegurado una secuela, "Ip Man 2: Legend of the Grandmaster" ("Yip Man 2: Chung si Chuen Kei"), donde seguramente volvamos a ver a Donnie Yen lucirse en la pie del gran maestro, y así lo espero porque ver repartir a este hombre le hace a uno levantarse del sillón para aplaudir, porque si algo tiene "Ip Man" es una tremenda espectacularidad en las coreografías, bien sustentadas por un contexto que hacen a la película algo más que una simple sucesión de golpes, algo a agradecer. No aporta nada nuevo, pero siempre es divertido ver como hay películas que no solo se centran en los palos sin más dilación; "Ip Man" es una película disfrutable en un amplio espectro de posibilidades, ya sea cinematográficamente por su calidad técnica, o simplemente a nivel de distracción para ver una buena sesión de palmadas en la cara. Porque si algo hace Ip Man en esta película, es partir caras.

Mi puntuación: 7/10.

martes, 20 de octubre de 2009

"Ágora", paganos, cristianos y judíos conviviendo... un polvorín.

Impecable puesta en escena para la mayor superproducción española de la historia.

Probablemente Alejandro Amenábar sea uno de los cineastas más célebres de nuestro cine, y desde hace varios años está siendo descubierto fuera de nuestras fronteras, especialmente en EEUU, donde se ha convertido en uno de los portavoces de nuestro cine, pisándole los talones a Pedro Almodóvar, creándose una fama a base de películas sólidas y dispares que abarcan un amplio abanico de géneros. Su primer largometraje fue "Tesis" en 1996, una formidable sorpresa que lo puso en el punto de mira de todo el país, un año más tarde volvió con "Abre los Ojos", una tremenda cinta de Sci-Fi/Fantasía que rebosaba originalidad y talento que incluso tuvo su remake americano protagonizado por Tom Cruise ("Vanilla Sky"), en 2001 rodó su primera película rodada íntegramente en inglés, "Los Otros", con una estupenda Nicole Kidman en una obra de terror y suspense que se ha convertido en referencia y que definitivamente hizo de Amenábar una figura internacional; una cinta opresiva y siniestra que se colmó de premios y hasta recibió una nominación a los Globos de Oro por la interpretación de Kidman. En 2004 llegó quizá su obra más galardonada, "Mar Adentro" (la única que aún no he visto), rodada de nuevo en español y con la cual Amenábar acabó formando parte del reducido círculo de directores españoles que han ganado un Oscar, esta vez a la Mejor Película Extranjera, una película en la que Javier Bardem destacó muchísimo y Belén Rueda dio la sorpresa, y que llegó a hacerse con 14 Premios Goya. Cinco años después (la mayor pausa que ha hecho entre películas) Amenábar vuelve a escribir y dirigir la que es su quinta película, "Ágora", de nuevo en inglés y contando con el mayor presupuesto del cine español en toda su historia, 50 millones de euros, para narrar la vida de Hipatia de Alejandría, filósofa, astrónoma y matemática egipcia, y el contexto de su historia, en pleno choque de culturas y religiones en el crisol de la Alejandría del Siglo V.

El cine de Amenábar atrae al público español, la sala de cine llena hasta los topes así lo confirma como también lo hace la espectacular recaudación en su estreno; actualmente es el mejor estreno en España del 2009 superando a "Ángeles y Demonios" y a exitosas obras nacionales de años anteriores como "El Orfanato" (2007) o "Alatriste" (2006). La promoción de "Ágora" ha sido por todo lo alto y no merece menos pues para impulsar nuestro cine se necesitan de este tipo de obras cinematográficas que no solo atraigan el interés del público sino que evidencien la intención de cambiar de estilo, de adaptarse a las demandas del público y de ratificar que en España somos capaces de salirnos de la tónica habitual. Como no quiero que esto se convierta en un discurso acerca del interés del público español respecto de nuestro cine me centraré en "Ágora" como obra cinematográfica; Amenábar se lanza al peplum con valentía y sobre todo con mucha seriedad. El cineasta no se ha vendido y su impecable estilo sigue patente, así como el tono de la película destila un profundo respeto por la historia y la figura de Hipatia sin ceder ante los artificios propios de este género en los últimos años. "Troya" y "300" son muy espectaculares y divertidas, pero ha hecho mucho "daño" al cine histórico y épico en general, ya que el público parece haberse mentalizado que una "película con romanos" debe mostrar una serie de dramatismo desmesurado y ser más una caricatura de la historia que un fiel reflejo (u honesto intento) de ella; atrás quedan obras como "Ben-Hur", "Espartaco" o "La Caída del Imperio Romano" cuya espectacularidad no estaba del todo reñida con el hecho de mantener su tono sobrio.

"Ágora" puede parecer pecar en un principio de ser una película algo "fría", que transmite poco, pero realmente su tono histórico le permite recrear el periodo en el que transcurre la película de una forma convincente e intachable, sacrificando momentos excesivamente llamativos o pasionales en pro de una realidad contenida pero no por ello poco espectacular. Me explico, "Ágora" recupera el estilo sobrio de las películas de la edad antigua que se centraban en explicar la vida de un personaje y con ella el contexto cultural de dicha época; en cierto modo "Ágora" me recordó a la excepcional "La Pasión de Cristo" —aunque sin las idas de olla de aquella— una película que, al igual que esta, prestaba especial atención a los detalles históricos sin dejar de lado la pasión, el sentimiento y la intensidad del relato, pero irremediablemente los efectos de éstos se ven sometidos a la fidelidad y veracidad de la historia y la frialdad que ello conlleva (aunque en el caso de la cinta de Mel Gibson estemos hablando de un personaje ficticio). No es que "Ágora" sea una película que desprenda frialdad —así, tal cual— sino que por exceso de otras parece que sea de esa manera, una película menos pasional de lo que cabría esperar.

Una de las cosas que más sorprende de la película es lo poco española que parece. Quiero decir, la película es española, o así está considerada, pero los actores, gran parte del equipo técnico y los escenarios son claramente extranjeros, en concreto de un corte de cine norteamericano, y la misma dirección de Amenábar tiene un tono muy yankee, aunque no por ello significa que haya cambiado de estilo ya que en "Los Otros" demostró que se le da muy bien adaptarse a ese tipo de cine. A pesar de haber estado rodada en Malta la película ni siquiera transpira un tono europeo, y es curiosa la forma en que se ha rodado la cinta desprendiéndose de todo ese halo nacional típico de nuestras películas; no es algo malo, es simplemente llamativo. El reparto de "Ágora" es extraordinario, y no solo el reparto sino también los extras, algo que puede parecer algo nimio o un factor secundario pero que realmente es clave para introducirse en la película (al final de "El Perfume" me remito, donde lamentablemente los extras no estaban del todo a la altura), ya que a la hora de la verdad los extras, o ciudadanos de Alejandría, son los que te ayudan a olvidarte que estás viendo una película de la edad antigua y te facilitan la inmersión en la cinta.

El mérito no es solo del bien escogido casting de extras (luego iré al casting principal) sino también del elaborado trabajo de vestuario y maquillaje que personifica la suciedad y a la vez elegancia del pueblo de la ciudad, así como la diferencia de clases y culturas. Es interesante destacar el buen hacer de los directores artísticos y responsables de los aspectos de ambientación que han logrado que podamos distinguir con facilidad el grupo o cultura al que pertenece cada persona que vemos por pantalla, ya sean judíos, cristianos, parabolanos (¡menudos!), paganos o esclavos. En general el trabajo de ambientación es de lo más exquisito del año; Alejandría es una ciudad con personalidad y carisma, un crisol de culturas y religiones donde la influencia de éstas queda patente, sobre todo la pagana, con sus estatuas y su arquitectura presentes en toda la ciudad. No solo se hace agradable sino que resulta ciertamente espectacular la forma de ambientar la ciudad, en este aspecto y sin dudarlo la película es de diez, una maravilla visual que se ve complementada por el excepcional trabajo de Amenábar tras la cámara, una realización que goza de una serie de planos, secuencias y travelling brutales, destacando los planos espaciales y sobre todo aquel que hace un zoom hasta la misma ágora de Alejandría, una secuencia aparentemente sencilla y absolutamente fascinante. En general el cineasta lleva a cabo una dirección delicada con zooms suaves en espacios cerrados y grandes travelling y planos cenitales en los espacios abiertos de la ciudad, aprovechando las posibilidades que le da el escenario y luciéndose al fin y al cabo en un trabajo que personalmente considero de lo más destacado del año; Amenábar ha vuelto a demostrar por qué es un realizador tan preciado en nuestra tierra.

El reparto principal es quizá el mayor reclamo que tendrá la cinta en su estreno en el extranjero. La ganadora del Oscar por "El Jardinero Fiel", Rachel Weisz (aunque yo se lo habría dado más bien por "La Fuente de la Vida"), se luce en la piel de Hipatia, la pensadora, matemática y amante de la astronomía que influye enormemente en la sociedad del Siglo V y que revolucionó muchas de las áreas en las que estuvo involucrada. Esta Hipatia es una mujer madura, bella, extremadamente inteligente y avanzada a su tiempo en muchos años, con una total indiferencia por la religión y un profundo amor por la ciencia y la filosofía, además de ser una valiente mujer (y atención: mujer) en una época difícil para cualquier librepensador. Hipatia es una referencia para sus alumnos e incluso para su venerado padre, un excepcional Michael Lonsdale interpretando al ya ajado Theon. Weisz realiza una interpretación extraordinaria y no solo destaca su belleza sino su enorme talento, una viva muestra de que esta actriz tiene muchas facultades y la cual me sigue dando la sensación que aún tiene mucho que decir. Quizá uno de los actores que más destaca es Max Minghella interpretando a uno de los personajes más interesantes de la película, Davo, el esclavo de Hipatia devoto de la misma, inteligente, atrapado en su cuerpo de esclavo, apasionado y con ganas de expresarse. Este esclavo bien podría haber protagonizado una película él solo, y el joven Minghella hace una exhibición en un papel que le ofrece un amplio abanico de sentimientos con los que lucirse. Quizá el actor que más logra destacar por eso es el líder de los parabolanos, o por lo menos el que se alza como la voz cantante de éstos, Amonio, interpretado por Ashraf Barhom (papelón en "La Sombra del Reino") de una forma pletórica, convenientemente sobreactuado y radical, y quizá la más viva expresión no solo del cristianismo sino de la radicalidad de las religiones, que al fin y al cabo es uno de los elementos principales (sino el que más) que destaca en la película. Entre el amplio reparto principal destacan finalmente con un extraordinario trabajo el guatemalteco Oscar Isaac como el eminente Orestes, y en un papel más solemne Sami Samir como el implacable Cirilio, un personaje realmente escalofriante desde que aparece en pantalla por primera vez.

Por primera vez en su filmografía Amenábar no compone la BSO de su película, siendo esta vez el ganador del Oscar por "Expiación" Dario Marianelli quien pone la música en esta cinta. La BSO del italiano peca de ser algo típica, muy adecuada pero demasiado habitual para este tipo de cintas donde no dejamos de tener la sensación de haber escuchado ese mismo acompañamiento sonoro en muchas otras cintas similares. Además está lejos del brillante trabajo que hizo en "Expiación" (merecidísimo galardón), pero no sería justo tildar de mediocre siquiera la BSO de "Ágora", ya que tiene un nivel excelente e incluso al final alcanza cotas que logran emocionar acompañando muy bien la intensidad de las escenas. La fotografía del español Xavi Giménez ("Transsiberian", "Los Sin Nombre") es otro de los factores excepcionales de "Ágora", con unos tonos claros y luminosos algo saturados y cobrizos, aprovechando la luz natural de los escenarios que les da un tono muy histórico o realista; en interiores la cosa mejora e incluso hay escenas a la luz de las estrellas que gozan de una iluminación algo artificiosa pero espectral a su vez.

El guión del propio Alejandro Amenábar, co-escrito con Mateo Gil (colaborador habitual del cineasta), profundiza en detalles que giran en torno a Hipatia, sus sentimientos, su pasión por la ciencia y la humanidad, su prodigiosa mente que iba más allá de donde los demás llegaban, que estaba obcecada en desentrañar los misterios del universo y su creación, pero también hace una jugada inteligente trazando historias secundarias, tratadas como tales, que complementan perspicazmente la historia principal y hacen el relato más ameno. La de Davo, así como la de Orestes, son historias que profundizan en aspectos más terrenales que los de Hipatia y su obstinación con la astrología, es decir que tratan temas como la libertad, el poder, la pasión, la ambición, el odio, la incomprensión, el amor... un abanico que cualquier película épica debería ofrecer para triunfar, aunque en este caso no se llevan el mayor protagonismo por lo que la historia principal acaba girando fundamentalmente sobre la intolerancia y el fanatismo religioso, que es quizá el mensaje más claro de "Ágora". Turbas de cristianos acorralando a paganos y quemando a judíos, venganzas, ataques públicos, linchamientos y posturas irracionales, además de ceguera proporcionada por el tumulto y la fe extrema, así como el uso de la religión por parte de los que ambicionan el poder a modo de elemento subyugador, donde aquel que se oponía a los "razonamientos" oportunos (genialmente mostrados en conversaciones como la del parabolense rebatiendo porqué la Tierra es plana) era tachado de enemigo del pueblo, brujo, hereje y cosas similares, elementos que hemos seguido viendo durante la historia de la humanidad hasta el día de hoy. Una película que deja claro que las religiones han llevado a la humanidad a las peores guerras, y donde no solo la religión cristiana queda en mal lugar (porque esto debe quedar claro, la película hace hincapié en la radicalidad inherente de TODAS las religiones), sino que deja claro que todo razonamiento basado en "seres todopoderosos que nos gobiernan" siempre va acompañado de intolerancia, sectarismo y fanatismo.

"Ágora" es una buena película, quizá no tan definitiva como podía preverse, aunque bien es cierto que el tráiler ya vaticinaba algo semejante a lo que finalmente hemos podido ver. A su favor tiene una ambientación y dirección artística brutal y una dirección magistral por parte de Alejandro Amenábar, en contra que es algo fría y le falta cierta alma, además de no acabar de salirse de los tópicos del género. Hay una cierta sensación de "esto ya lo he visto antes", aunque de todos modos se agradece que no tirara hacia derroteros más vacíos y artificiosos como los de las películas comentadas cuya espectacularidad prima por encima de la fidelidad histórica del relato o las ganas de transmitir un mensaje. Ojo, que no digo que "Troya", "300" y sucedáneos estén mal (de hecho esta última me parece una de las mejores películas de los últimos años), pero de vez en cuando es necesaria una película que enfoque desde un punto de vista más serio un periodo tan sumamente interesante como es la historia antigua desde la perspectiva del género del peplum. Es una categoría de cine que debería ser representada por películas realizadas con escrupulosidad y respeto, y en este caso "Ágora" cumple el requisito, así que estemos de enhorabuena porque el cine español se atreva con superproducciones de este tipo y lo haga tan bien. Quizá a la próxima oportunidad el cine patrio logre acabar de convencer del todo a los más reacios, y cree la película de historia antigua definitiva. De momento la cosa está bastante bien encaminada.

Mi puntuación: 7/10.

Aprovecho para hacer una recomendación literaria que seguro interesará a mucha gente, pues recientemente ha salido a la venta el libro "Hipatia de Alejandría" de Guillermo Díaz que trata de esclarecer la verdad sobre una de las figuras más influyentes de su tiempo y su contexto histórico. No os lo podéis perder.

sábado, 22 de agosto de 2009

"Enemigos Públicos". John Dillinger, ¿héroe nacional?

Historia criminal americana de primera fila, poco convencional pero impecable.

El criminal siempre ha sido una forma de vida odiada por la sociedad, pero en secreto envidiada por vivir rompiendo las normas, por gozar del libre albedrío que le proporciona el ir en contra de lo establecido. El criminal es un ser que para mantener una existencia cómoda y ostentosa debe sacrificar su integridad y traspasar la línea que separa al bien del mal, suprimiendo el derecho de igualdad que por decreto debería ser universal, pisoteando al prójimo y privándolo de su autonomía. Para que unos prevalezcan otros deben sucumbir, y es por eso que los criminales nunca deberían ser personas admiradas. Pero siempre hay un Robin Hood, alguien que parece alzar la voz para representar al pueblo, alguien quien de pronto demuestra que las viles artes no son solo ejercicio de las clases políticas y bienestantes, y que aunque de forma abierta sea rechazado en el fondo está personificando una inquietud popular. No creo que deba ser el caso de John Dillinger, personalmente no considero que ladrones de bancos como él merezcan ser tratados con respeto o menos aún como héroes, pero en "Enemigos Públicos", la última película del gran Michael Mann, se ha realizado un esfuerzo para que el que fuera considerado Enemigo Público Nº1 de América sea visto desde el punto de vista popular, desde la óptica justificadora, desde la perspectiva idealizada.

Volvamos a empezar y pongámonos en situación: "Enemigos Públicos" me ha parecido una gran película a todos los niveles, pero tras su visionado uno se plantea algo, ¿realmente la historia espera que consideremos a un ladrón de bancos un héroe o una persona decente? ¿Por qué se necesita justificar la figura de John Dillinger, bandido y asesino? Es solo una reflexión que me ha suscitado el guión de la cinta, no es que quiera iniciar un debate acerca de la aceptación de los criminales en la sociedad, pero me ha sorprendido ver como descaradamente se ha intentado dulcificar la figura de un delincuente célebre, algo que la brillante "El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford" —a la que veo algunas similitudes con esta cinta— no tuvo el atrevimiento de hacer, por ejemplo. Reconozco que en "Enemigos Públicos" puede verse un principio de denuncia, un atisbo de dicotomía en la que se rebate quien es realmente el "malo" y quien el "bueno", que plantea hasta qué punto los métodos definen el lado al que se pertenece (y si el fin justifica los medios, por qué no), donde el FBI acaba adoptando tácticas tan criminales como las de los propios delincuentes a los que persigue, y finalmente la película plantea una reflexión acerca de la dualidad e hipocresía de la ley y el amparo del gobierno. Pero de todos modos, aún teniendo en cuenta esto, ¿era necesario humanizar la figura de Dillinger de forma tan atrevida? ¿Es lícito ensalzar de tal forma la figura de un criminal?

Rebobinemos y volvamos al punto inicial, voy a centrarme ahora en la película como obra artística al margen del debate que pueda generar. Michael Mann se atreve con un retrato poco convencional de una época tratada en el cine muchas veces con diversos resultados, abordando una temática que ha dado grandes obras maestras al cine como es el género de los gangsters. Con un delicado tono de cine negro muestra las desventuras y carrera criminal de uno de los ladrones y asesinos más célebres de los años 30', John Dillinger, figura que alcanzó una gran fama y que se alzó como uno de los hombres más peligrosos y buscados por el FBI en la historia de los EEUU. El director, también productor y guionista de la mayoría de sus películas, aplica su particular sello en una película ambientada en la época de la Gran Depresión, pocos años después del Crack del 29, realizando una representación poco convencional de esta clase de cintas, utilizando primerísimos planos, algo poco habitual en este tipo de producciones que se empeñan en mostrar planos amplios y la grandeza de los escenarios para justificar el tremendo trabajo en el diseño de producción y dirección artística.

Mann es un director con un estilo bien definido que desde hace años decidió decantarse por el rodaje con cámaras digitales, cuando experimentó con ellas en "Ali", y más tarde exprimió el recurso en la extraordinaria y sencilla "Collateral", donde pudo aprovechar al máximo la profundidad que le otorgaba este formato en escenas nocturnas, siendo desde entonces ese su habitual sello formal. Algunas de sus películas han pasado a formar parte de la historia del cine como "El Último Mohicano", "El Dilema" y sobre todo "Heat", demostrando que es un realizador muy polivalente y solvente, ya que también ha colaborado en los guiones de todos sus filmes, a veces en solitario. Los protagonistas de sus historias son personajes muy formados y complejos, a veces con una dualidad muy patente e incluso delincuentes, como es el caso de la película que nos ocupa, o de "Heat", o también de "Collateral", películas en las que plantea reflexiones acerca de la ética y la sociedad. Además su cine suele gozar de algo bastante particular que me parece uno de los elementos en los que mejor se desenvuelve, la forma de rodar tiroteos y persecuciones lo definen como uno de los mejores directores de acción del momento. En "Heat", uno de los clásicos del cine moderno, se da la que considero la mejor escena de tiroteo de la historia del cine, la del robo al banco y su posterior huída, que es de lo más increíble que he visto nunca, no solo por la espectacularidad de la secuencia, su planteamiento, narrativa e intensidad, sino por su originalidad, su potencia sonora y su poco convencionalidad. Este tipo de escenas se repiten en varias películas de su filmografía, como el increíble tiroteo en la discoteca en "Collateral", y hasta la mediocre "Corrupción en Miami" tiene una digna refriega final. En "Enemigos Públicos" hay muchas escenas de tiroteos extraordinarias, huidas magistralmente rodadas (la que abre el film tiene algún plano concreto de puro vicio) y sobre todas destacaría el asalto al motel en el bosque, una escena en la que el sonido alcanza cotas de perfección, mostrando diferentes tipos de sonidos para los disparos (según su distancia, perspectiva o clase de arma) e impactos (según el material en el que hagan blanco) situándose como una de las películas con mejor sonido en lo que llevamos de año junto a "Terminator Salvation" y "Up". En este aspecto la película es de 10. Además el director vuelve a rodearse de la crème de la crème interpretativa, como es habitual en su cine, ya que ha trabajado siempre con los mejores: James Caan, Al Pacino, Robert De Niro, Will Smith, Russell Crowe, Jamie Foxx, etc. siendo en este caso las cabezas de cartel Johnny Depp, Marion Cotillard y Christian Bale.

"Enemigos Públicos" impacta por su propuesta visual; como he comentado una película que gira en torno una ambientación de la primera mitad de s.XX suele estar muy recreada en los escenarios, edificios de época, automóviles, etc. En esta cinta la dirección artística en vestuario, peinado y maquillaje, attrezzo, decorados y otros elementos como coches de época y locomotoras está logradísima, y en ese aspecto cumple con creces, pero aún así Michael Mann toma la decisión de rodar la cinta como si de una historia contemporánea se tratara, sin prestar especial atención al entorno para justificar la inversión, centrándose en los actores y dejando escenas de acción para el recuerdo, pero sin hacer hincapié en el contexto.

He dicho que Mann se centra en "los actores", pero el único actor sobre el cual gira realmente la historia de "Enemigos Públicos" es Johnny Depp. A estas alturas el actor norteamericano ya poco tiene que demostrar, tres nominaciones al Oscar en los últimos cinco años hacen patente su calidad interpretativa, y ya sea de la mano de su colega Tim Burton o en todo tipo de producciones variadas el actor siempre cumple con creces con sus papeles. Desde que el actor apareciese por primera vez en la mítica "Pesadilla en Elm Street" su carrera no ha hecho más que ir ascendiendo sin freno, con interpretaciones que han pasado a la historia como las de "Eduardo Manostijeras", "Ed Wood", la trilogía "Piratas del Caribe" y "Sweeney Todd, el Diabólico Barbero de la Calle Fleet" entre muchas otras. Su interpretación en "Enemigos Públicos" pasa a formar parte del grupo de imprescindibles del actor, logrando un retrato de John Dillinger que supone una de las mejores interpretaciones de Depp en toda su carrera y que le hacen el absoluto núcleo de la cinta. Depp construye enteramente el único personaje de la cinta que está perfectamente definido, ya que una de las cosas de las que peca "Enemigos Públicos" es en la pobre construcción de los personajes secundarios, con excepción quizá de Billie Frechette, interpretada excepcionalmente por la ganadora del Oscar Marion Cotillard. La actriz francesa, que ya demostró apuntar maneras en "Un Buen Año", película que la impulsó en Hollywood, se ratifica tras ganar el Oscar a la Mejor Actriz en "La Vida en Rosa (Édith Piaf)" y demuestra que tiene talento para ser una de las grandes actrices de la década, con algunas escenas concretas en las que enamora al público y se lo mete en el bolsillo, destacando aquella en la que le interrogan o sobre todo ese plano sostenido final cuya expresión es un cúmulo de sentimientos contenidos que es el cierre perfecto del film. Cuando vi a la actriz en la modesta "Un Buen Año" supe que tendría mucho que decir, y solo ha necesitado salir de su país, donde había trabajado en varias películas nacionales como "Taxi", para dar un salto enorme y alzarse como una de las grandes musas del cine actual.

Sorprende que Christian Bale, siendo una de las cabezas de cartel y una de las estrellas del momento, tenga tan poca trascendencia en el film. Bueno, rectifico, no es que no tenga trascendencia, de hecho su personaje es clave en la historia ya que el agente del FBI Melvin Purvis fue el encargado de dar caza a Dillinger; lo que es sorprendente es que su personaje tenga tan poca participación en la película (aunque la presentación del personaje me gustó bastante). Ojo, que Bale cumple de sobras con su papel, como siempre realiza una interpretación decidida, pero su personaje no le da la oportunidad a lucirse ni destacar en ningún momento. De hecho, su única escena realmente destacable sería el único cara a cara que tiene con Dillinger —que no creo que llegue a los dos minutos de duración— y poco más, ya que su personaje no está en absoluto construido, ni poco ni mucho: nada. Ni parece tener motivaciones más allá de las evidentes, ni problemas personales, ni una profundidad que nos haga sentir un mínimo de empatía por el personaje. De hecho hasta John Dillinger tampoco muestra demasiada profundidad en su historia, no acabamos de entender qué es lo que rige el comportamiento del bandido, cuáles son sus impulsos, pero por lo menos el personaje está bien cimentado y conocemos algunas de sus motivaciones y preocupaciones gracias a la —ligeramente forzada— relación amorosa que tiene con Billie. Sorprende que haya personajes secundarios y terciarios que tengan tanta importancia o papel como Purvis durante la cinta, como por ejemplo Charles Winstead (interpretado muy correctamente por Stephen Lang), John 'Red' Hamilton (Jason Clarke) o 'BabyFace' Nelson (genial Stephen Graham como el desquiciado malnacido), cuya historia no es del todo fiel a la realidad, al contrario que la de Dillinger, adaptada de la novela biográfica "Enemigos Públicos: la Gran Oleada Criminal en América y el Nacimiento del FBI, 1933-34", de Bryan Burrough. Debe destacarse el reparto en líneas generales, lleno de caras conocidas como David Wenham (Dilios en "300" y Faramir en "El Señor de los Anillos: Las Dos Torres"), Stephen Dorff (el villano de "Blade"), Rory Cochrane (Speedle en "CSI: Miami"), Billy Crudup (el Dr. Manhattan de "Watchmen"), Giovanni Ribisi, John Ortiz, etc.

Dado el desaprovechamiento de la mayoría de personajes puede quedar la sensación de que la cinta podría haber dado un poco más de sí, y aunque el metraje es extenso (casi dos horas y media de cinta) por lo menos no se hace en absoluto larga, algo bastante meritorio teniendo en cuenta que a la hora de la verdad, echando la vista atrás, tampoco llegan a pasar muchas cosas en la cinta. Todo se reduce a una persecución constante en la que Purvis intenta dar caza a Dillinger y éste se escapa siempre en el último momento, entre excentricidad y excentricidad. Esta película recuerda inevitablemente a una de las mejores cintas de hace dos años, "American Gangster", en la que el agente Richie Roberts daba caza al capo de la droga Frank Lucas en los 70'. Cambiemos el tráfico de droga por atraco a mano armada, la década de los 70' por la de los 30', a Lucas y Richie por Dillinger y Purvis, y hasta a Eva por Billie, y la cinta de Ridley Scott gana por goleada. Las semejanzas son muchas y evidentes, pero en "American Gangster" todo está realizado con más tesón, más profundamente, y el metraje es solo un poco más largo. El problema que creo que tiene "Enemigos Públicos" es que no profundiza nada en temas secundarios y centra demasiado la atención en la búsqueda y captura de Dillinger, que no tiene nada particularmente especial. Los escarceos con la mafia se tocan demasiado de lado y ese podría haber sido un tema interesante, los demás compañeros de la banda no tienen ninguna profundidad, a duras penas acabamos conociendo sus nombres, y en la mentada "El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford" es otro aspecto que tuvieron la inteligencia de trabajar con empeño; en la película de Andrew Dominik también se intenta reflejar la historia de un bandido célebre, pero además se trató de prestar atención a los demás miembros, de importancia capital en la historia y en la narrativa del film. "Enemigos Públicos" se ciega con la figura de John Dillinger, y aunque Depp aguanta el tipo maravillosamente la película acaba entrando en un ligero circuito de monotonía, no aburrida, pero demasiado repetitiva al fin y al cabo.

El corte clásico de la película le suma puntos, la magnífica BSO del irregular Elliot Goldenthal ("Across the Universe", "Cementerio Viviente") es una de las composiciones más bellas del año, una partitura muy adecuada que se adapta al tono de la cinta, como ya hiciera con "Heat", con melodías típicas de películas ambientadas en los años 30' pero con un pequeño toque renovador; una BSO extraordinaria. Técnicamente la película goza de una calidad tremenda destacando las escenas comentadas del tiroteo en el bosque y la secuencia que abre la película, pero particularmente una escena a señalar es toda la que cierra la cinta, desde que Dillinger entra al cine hasta que aparecen los créditos, con ese personaje sintiéndose identificado con la película que ve y la caza y captura del bandido, rodada con maestría por el talento de Mann.

"Enemigos Públicos" es una excelente película, muy disfrutable, con un guión simple, sin giros, algo previsible, que ensalza la figura del bandido John Dillinger pero que plantea un dilema moral acerca de la definición del bien y el mal a través de los métodos que uno escoja. Depp le gana el pulso a Bale de calle, pero es que este último no tiene oportunidad de lucirse con un personaje desdibujado y carente de profundidad, sumamente plano. En cambio Johnny Depp logra una de las interpretaciones de su carrera dando vida al fugitivo que optó por una forma de vida al margen de la ley y que se encontró con el apoyo popular. La película realmente no aporta nada nuevo al cine de gangster en cuanto a fondo, he comentado obras como "American Gangster" que ya contaron una historia parecida con más éxito, u otras como el western crepuscular "El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford" que también se aproxima en cuanto a planteamiento, pero donde realmente "Enemigos Públicos" innova es en el aspecto técnico, impecable y renovador. Es una película muy interesante de ver en cine dada su calidad sonora y visual, de tono clásico, no la calificaría como imprescindible pero desde luego merece una oportunidad, aunque sea para ver a Depp y Cotillard brillando con intensidad en pantalla grande.

Mi puntuación: 7/10.