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lunes, 1 de febrero de 2010

"En Tierra Hostil", ¡BOOOOM!

Nervios tensos como el acero en un extraordinario drama bélico.

El cine bélico es un género delicado. Las películas que se desarrollan contextualizadas en conflictos bélicos reales suelen meter el dedo en la llaga y recrear guerras recientes puede resultar algo difícil de encajar para el público (sobre todo el norteamericano, metido en todos los fregaos). Es por eso que normalmente suele haber un espacio de tiempo prudencial para que comiencen a aparecer películas cuyo eje argumental sea una guerra contemporánea; ahí quedan "Apocalypse Now", "Platoon", "La Chaqueta Metálica" o "El Cazador" entre otras muchas surgidas en la década posterior al fin de la Guerra de Vietnam, mientras películas como "Tres Reyes" o "Jarhead: El Infierno Espera" indagaron en la Guerra del Golfo Pérsico y sus consecuencias. Cada vez cuesta menos esfuerzos referirse a guerras actuales, sobre todo por lo largas que se están haciendo; de la presente Guerra de Irak (o Invasión de Irak), que comenzó en 2003 y aún sigue vigente, no han tardado en aparecer todo tipo de cintas, igual que de la Guerra de Afganistán (desde 2001 también vigente), la mayoría de ellas muy críticas como "Redacted" de Brian de Palma o "Leones por Corderos" de Robert Redford, otras basadas vagamente en este conflicto aprovechando el escenario y más enfocadas al espectáculo como "La Sombra del Reino" o "Red de Mentiras", e incluso ha habido miniseries como "Generation Kill" centradas en una disputa que parece que dará mucho que hablar mientras dure y una vez haya terminado. "En Tierra Hostil" ("The Hurt Locker") no se decanta por una visión explícitamente crítica ni mucho menos grandilocuente de la Guerra de Irak, pero muestra los peligros y presión psicológica a los que está sometido un grupo de zapadores de élite cuya misión consiste en jugarse la vida diariamente desactivando bombas y neutralizando artefactos explosivos en terreno iraquí.

"En Tierra Hostil" es una visión cruda, realista y nada poética de la guerra que se está disputando en Oriente Medio; Kathryn Bigelow se decide por una visión poco dramática, casi posicionándose como un espectador al pie del cañón que acompaña a los desactivadores de bombas, cuyo trabajo consiste en eso y solamente en eso. En cierto modo la película tiene un aire a lo "La Sombra del Reino", excelente película de Peter Berg donde un grupo del FBI investiga un atentado terrorista en el suelo americano de Arabia Saudí, solo que en el caso de "En Tierra Hostil la película está desprovista de ese halo de acción y thriller, aunque contenga sus dosis de suspense (¡altísimas!) y su escasa y excelentemente rodada acción. De hecho la BSO es prácticamente anecdótica, ambiental, presente en pocas ocasiones para acentuar el tono realista de la cinta.

En la película nos topamos con francotiradores que fallan, bombas que explotan y matan a inocentes, complejo de superioridad del ejército estadounidense con el pueblo iraquí, incluso se puede ver de soslayo una crítica a las maneras del ejército que se toma la justicia por su mano aprovechando el contexto de la guerra (en la breve, carismática y excelente aparición de David Morse como el Coronel Reed). El realismo impera. En algún aspecto me recordó a la crudeza de la segunda mitad de "La Chaqueta Metálica", y es que la cinta no se recrea en aspectos vistosos o teatrales, de hecho siquiera tiene una línea argumental principal, solamente se deja llevar a lo largo de los días en que la tropa de zapadores desactiva una bomba tras otra. Eso sí, la cuota de tensión que tiene es enorme y durante las dos horas de duración estamos con los nervios tensos como el acero ante cada nuevo reto explosivo que se le plantea a los protagonistas, una tensión que se masca y se sufre, desde el minuto uno.

En "En Tierra Hostil" los personajes parecen personas reales y no personajes propiamente, no están excesivamente estereotipados; quizá el único es el protagonista, el Sargento Will James, un desactivador de bombas, líder del grupo, demasiado temerario e insolente a la vez que experto y confiado. A Will lo interpreta espléndidamente Jeremy Renner ("28 Semanas Después", "El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford"), prácticamente se adueña de la película y es el personaje principal a pesar de no estar excesivamente construido. Sabemos de su actitud en el campo de batalla pero no sus motivaciones, quizá al final de la cinta de forma subliminal queda claro el porqué de su forma de actuar, y su curioso perfil es el que hace más interesante la película. El resto de personajes corresponden a algunos clásicos del género, como el joven soldado traumatizado, Eldridge, un extraordinario Brian Geraghty que refleja una de las facciones más problemáticas de la guerra, también el hombre sin nada que perder ni ganar, Sanborn, interpretado por Anthony Mackie que lleva a cabo un estupendo trabajo. Es sorprendente el extraordinario reparto de estrellas en papeles secundarios y fugaces: Guy Pearce, Ralph Fiennes, David Morse, Evangeline Lilly (Kate en "Perdidos"), Christian Camargo (brillante en "Dexter", aquí como el clásico psicólogo sentado tras una mesa en un despacho); es extraño que actores de tanto prestigio hagan papeles tan efímeros con tanta naturalidad y humildad. El cine en general debería parecerse más en este aspecto a "En Tierra Hostil", sin abusar de ciertos actores constantemente, dando prioridad a los personajes y no a los actores, sin llegar al extremo del Dogma 95.

Creo que de todos los aspectos positivos de la película hay uno que quizá destaque más que el resto, que es la extraordinaria labor tras la cámara de Kathryn Bigelow, la directora de películas como "Días Extraños" y "Le Llaman Bodhi". Bigelow lleva a cabo una suprema dirección, apoyándose en la visón de cámara al hombro, zooms rápidos y primerísimos planos, una dirección muy moderna y dinámica, con ausencia prácticamente total de planos fijos y uso en ocasiones de la visión en primera persona. El manejo de la cámara, la variedad de recursos (la primera explosión es una gozada a nivel visual), el manejo del ritmo y sobre todo la capacidad de crear una enorme tensión constante son algunos de los méritos de Kathryn Bigelow en la película, así como la naturalidad y realismo de los sucesos y la acción dosificada y excelentemente rodada. Es curioso, además, que no veamos prácticamente nada desde el punto de vista del enemigo, de los iraquíes (como en las dos películas de Clint Eastwood acerca de la batalla de Iwo Jima, "Banderas de Nuestros Padres" y "Cartas desde Iwo Jima"), todo lo que hacemos es seguir las misiones del grupo de EOD (Explosive Ordnance Disposal - Desactivación de Artillería Explosiva) y el paso de los días, con algunas pinceladas acerca de la personalidad del trío protagonista y el cómo les afecta la guerra.

La película es muy neutral, no toma partido explícito salvo en ocasiones contadas ni hace demasiados balances filosóficos. Psiquiátricos sí, pues ahonda en las motivaciones de los soldados norteamericanos en la guerra y en concreto las del grupo de zapadores que se juegan la vida a diario con uno de los métodos más peligrosos y usados en Irak como son los atentados bomba. Esa visión más o menos objetiva, esa grandísima calidad técnica con unos efectos visuales y sonoros magníficos, la exquisita fotografía y las estupendas interpretaciones, además de la soberbia dirección de Bigelow, han hecho de "En Tierra Hostil" una de las películas más aclamadas por la crítica en 2009/2010, siendo la mejor película y dirección del año según muchas asociaciones de críticos de toda Norteamérica, lo que la sitúa como una importante candidata a ganar el Oscar y el Globo de Oro y la favorita de los círculos especializados junto a "Up in the Air" de Jason Reitman. "En Tierra Hostil" es una película magnífica, de una calidad cinematográfica suprema y de un contenido emotivo correcto, que tiene en el tratamiento de la tensión y su dirección sus mayores virtudes y cuenta con un reparto de altura. Es una película plenamente disfrutable, una joyita que merece la pena degustar.

Mi puntuación: 8/10.

lunes, 5 de octubre de 2009

"Malditos Bastardos", ¡venganza judía!

Érase una vez en la Francia ocupada por los nazis...

Quentin Tarantino hace un cine especial, sus películas están provistas de un halo mágico, tienen un estilo único, inconfundible e inimitable que transpira devoción por el cine en cada descarnado fotograma y en cada añeja nota musical, un tipo de cine hecho por y para amantes del cine. La fórmula de Tarantino es sencilla: hace lo que quiere y como quiere sin atender a convencionalidades. Prácticamente se puede decir que ha inventado un lenguaje cinematográfico propio con unos elementos que le caracterizan y distinguen de los demás directores, y es que Tarantino ha logrado hacer algo tan complicado como conseguir un sello personal claramente definido. El director, escritor, productor y actor ha logrado ser una de las figuras más importantes del cine norteamericano y mundial a todos los niveles, tanto en los círculos independientes como en los ámbitos masivos de Hollywood, y todo ello gracias a una pasión por el celuloide que no deja de prevalecer sobre la figura de este verborreico norteamericano de 46 años que ya tiene en su haber un Oscar y una Palma de Oro. Tarantino dejó ver trazas de su poco convencional visión en 1992 cuando rodó "Reservoir Dogs", una película considerada hoy en día una obra de culto y para muchos quizá su mejor obra, aunque un par de años después llegaría la que está considerada de forma consensuada no solo su obra más popular, decidida e influyente sino un clásico del cine moderno y obra representativa de los 90', "Pulp Fiction".

Esta obra maestra del cine asentó definitivamente al director y guionista, que en 1997 volvería con otra obra de tintes añejos y setenteros, "Jackie Brown", que sin recibir las ovaciones de "Pulp Fiction" logró reafirmar su innovador estilo. Tardó seis años en volver con una de sus películas más originales y atrevidas que tuvo que dividir en dos partes, primero "Kill Bill: Vol. 1" y un año después "Kill Bill: Vol. 2", los personales homenajes de Tarantino al género de las Artes Marciales y al Spaghetti Western. Más evidente sería el homenaje al cine setentero del género exploitation que haría en 2007 con "Death Proof", que junto a la "Planet Terror" de Robert Rodríguez conformaría "Grindhouse" una sesión doble de terror+caspa que no haría más que demostrar lo mucho que bebe el cine de Tarantino de décadas pasadas. Además de dirigir, escribir e incluso interpretar en sus films ha realizado colaboraciones en el compilatorio de cortos "Four Rooms", en "Sin City" y en algunas series como el episodio doble "Peligro Sepulcral" de "CSI", y es responsable de los guiones de películas como "Amor a Quemarropa" y "Abierto Hasta el Amanecer" (y diría también del argumento de "Asesinos Natos" pero aquel destrozo por parte de Oliver Stone no tiene nombre). También es conocido en su faceta de actor, la mayoría de veces protagonista de algún cameo resultón, una de las últimas veces en la película de Takashi Miike "Sukiyaki Western Django", aunque no es la faceta del genio que más ha explotado.

La séptima película dirigida y escrita por Tarantino es "Malditos Bastardos", cuyo título original es "Inglourious Basterds", que literalmente sería "Bastardos Despreciables" (que no "sin gloria" como se le ha titulado en algunos países de Sudamérica; es un false friend del inglés), lo cual convierte a "Malditos Bastardos" en una traducción bastante aceptable. No debe confundirse con el título americano de la película italiana "Quel Maledetto Treno Blindato" (llamada precisamente "Inglorious Bastards" en EEUU —lo cual está correctamente escrito— y "Bastardos sin Gloria" en España —de nuevo el error—, o traducido literalmente "Aquel Maldito Tren Blindado") de Enzo G. Castellari en 1978, aunque Tarantino escribió el guión de su película inspirado ligeramente por dicha obra. Para acabar con las curiosidades acerca del nombre del filme es la primera vez que se traduce el título de una película de Tarantino en España. Aclarados los avatares acerca de la nomenclatura de la cinta esta vez Tarantino ha decidido meterse en un terreno muy interesante como es el de la Segunda Guerra Mundial, y cómo no, ha logrado hacer suyo un relato en un terreno tan explotado y trillado como éste sacando a flote una propuesta sumamente original, valiente y muy personal. Como muestra de la originalidad que suscita el tema: es la cuarta película de nazis que analizo en el año tras "Valkiria" (donde son los protagonistas), "The Reader (El Lector)" (aquí fantasmas del pasado) y "Dead Snow" (convertidos en zombies enfurecidos), y es que ya se sabe que nunca pasan de moda en el cine. Evidentemente el corte de las cuatro películas es diametralmente opuesto, pero lo interesante aquí es ver como el director decide tomar cartas en el asunto y reconstruir su propia historia de la IIGM en el periodo en que Alemania invadió Francia

"Malditos Bastardos" se fracciona en cinco capítulos, y no es esta una división aleatoria ya que cada capítulo corresponde exactamente a una escena o grupo de escenas que prácticamente puede analizarse independientemente y que corresponden a una parte de dos historias que finalmente acaban cruzándose. Sinceramente me parece que la película es una sorprendente y extraordinaria gamberrada de principio a fin donde Tarantino da rienda suelta a su imaginación y a su puesta en escena aplicando todos sus propios tópicos y recursos para hacer de sus dos horas y media de duración un disfrute constante. Básicamente la historia de "Malditos Bastardos" se centra en dos historias, la de Shosanna y la de los Bastardos, ambas historias de venganza y ambas con desarrollos prácticamente independientes hasta el capítulo final. Las escenas de la película que dan nombre a cada episodio son clásicas escenas que suele rodar Tarantino, diálogos y monólogos estirados convenientemente, algo que siempre ha caracterizado su cine, sin esconder ningún mensaje ni tener intención de dejar de ser una conversación cotidiana o mundana, una naturaleza en los diálogos que solo él es capaz de obtener y que resulta muy agradable (quizá en "Death Proof" se le fue la mano en este aspecto, pero aquí en "Malditos Bastardos" encuentra el punto exacto). En este caso el primer capítulo, "Érase una vez en la Francia ocupada por los nazis..." es todo un monólogo del actor sorpresa de la cinta, Christoph Waltz (sorpresa porque no es muy conocido fuera de Alemania, pero este pedazo de actor tiene casi un centenar de películas para TV a sus espaldas), que interpreta al Coronel Hans Landa, el personaje más destacable de la cinta que sin duda pasa a formar parte de los grandes personajes legendarios en la mitología del cine de Quentin Tarantino junto a otros como Jules Winnfield, el Sr. Rubio, Stuntman Mike, Bill o Pai Mei, un protagonista que en el primer episodio se convierte en el centro de atención y dueño de la función con un semi-monólogo extraordinario acerca de los judíos y los nazis. Simple y absolutamente brillante. No en vano Christoph Waltz ganó el premio a la Mejor Actor en Cannes.

En los siguientes episodios no faltan las gamberradas marca de la casa, como la suprema presentación de los llamados Bastardos, el brutal Oso Judío (imponente Eli Roth cuya entrada es de lo más épico y Spaghetti Western de la película), el famoso Hugo Stiglitz (Til Schweiger, legendario), y sobre todo el Apache, un espectacular y agradablemente sobreactuado Brad Pitt que también se adueña de la película los minutos en los que aparece. Pitt tiene tiempo también para monólogos y su carisma queda impreso en un personaje que podría elevarse como uno de los avatares de la película, el líder de los Bastardos y, efectivamente, un cabrón sin escrúpulos que comanda un batallón de locos sanguinarios que aplican su venganza por Francia a sus anchas. Aunque pueda parecer lo contrario las escenas de los Bastardos no son las que predominan en la cinta, y eso es quizá algo bueno ya que así no acaban saturando al espectador y cada aparición suya es mucho más grata. Todo el segundo capítulo es una bendición de violencia no contenida, un episodio donde Tarantino muestra su poca convencionalidad y el elemento que muchas veces le ha caracterizado: el uso descarnado de la violencia.

Por otro lado está la historia de Shosanna (una espectacular y preciosa Mélanie Laurent, joven actriz francesa), una exiliada judía que posee su propio cine y se topa con la oportunidad de vengarse a lo grande de las torturas sufridas por su gente. Por cierto, es muy destacable el esfuerzo que hizo Tarantino a la hora de procurar que los personajes y los actores escogidos tuvieran la misma nacionalidad para que se vieran mucho más naturales en su desarrollo en la cinta, como por ejemplo el austriaco Christoph Waltz, la francesa Mélanie Laurent, los alemanes Til Schweiger, Gedeon Burkhard, Martin Wuttke y August Diehl (entre otros), el reparto americano (incluso los que son judíos lo son en verdad), y hasta el español de familia alemana Daniel Brühl que interpreta extraordinariamente al héroe de guerra alemán Fredrick Zoller con gran acierto. La historia del "romance" (que no lo es) entre Zoller y Shosanna es una historia interesante, sobre todo por la parte que concierne a los méritos de guerra de Zoller, y en ese tercer capítulo se da otra de las exhibiciones de Waltz como Hans Landa dialogando (monologando) con Shosanna. Quizá uno de los capítulos más tensos y personalmente excelentes es el cuarto, el que transcurre prácticamente entero en un sótano. Una escena aparentemente alargada pero en la que se palpa una gran tensión desde el primer momento. Ese tipo de escenas, especialidad de Tarantino a nivel de diálogos y situaciones tensas, están llevadas a cabo con una naturalidad y un acierto que le dan a la película un tono único e impecable, y precisamente es el tipo de escena que se busca en las películas del director.

Michael Fassbender ("300", "Eden Lake") sorprende y mucho en este episodio como el teniente Archie Hicox, un actor que últimamente estoy viendo en alza, y hasta tenemos participación sorpresa de Mike Myers ("Austin Powers") como General inglés. El cuarto capítulo tiene además uno de los elementos más típicos de la filmografía de Tarantino como es el del fuego cruzado, además de otra buena tanda de diálogos insustanciales que llevan a un final tenso y espectacular, como siempre. Finalmente la película acaba estallando en el quinto y último episodio "La Venganza del Rostro Gigante", donde no solo tenemos un final con carcajadas aseguradas (por Dios, los Bastardos en el cine casi hacen que me descoyunte de la risa) sino que es tremendamente épico, espectacular y desfasado. La escena en la sala de proyección con Zoller y Shosanna de protagonistas me parece sublime en todos los apartados, tanto interpretativos, como de dirección, como musical y a nivel emotivo. Brutal todo ello. Tarantino demuestra que es un genio no solo en los pequeños pormenores sino que creando personajes es un artista, y además es capaz de rodar escenas épicas con elementos simples pero llevados a cabo con mucho descaro e insolencia. Toda la película me parece una genialidad, pero el final en concreto es un cúmulo de factores bien realizados que acaban poniendo la guinda al pastel.

Otro factor característico del cine del realizador es la utilización de una banda sonora adaptada, algo que durante toda su filmografía ha hecho tomando temas de otras películas o canciones populares. En principio se habló de contratar al gran Ennio Morricone para realizar la banda sonora original de la película, algo que hubiera significado la primera BSO para un film de Tarantino, pero finalmente no se llegó a un acuerdo (el compositor estaba realizando otro trabajo para una película del italiano Giuseppe Tornatore) y el realizador decidió tomar prestados temas del propio Morricone de tono muy Spaghetti Western —de hecho hay más de 8 pistas suyas de películas anteriores— e incluso repite dos pistas de la banda sonora de "Kill Bill", "White Lightning"/"Hound Chase" de Charles Berstein y "L'arena"/"Il Mercenario" de Ennio Morricone (original de la película "Salario para Matar" de Sergio Corbucci). La inclasificable banda sonora de "Malditos Bastardos" está formada por cantidad de estilos musicales desde el clásico y el jazz hasta canciones de puro Rock, incluso hay una pista de David Bowie, "Cat People (Putting Out The Fire)", una canción que por cierto suena en un momento clave y se apodera de la escena. Sinceramente me parece una banda sonora extraordinaria. El apartado técnico en general no tiene desperdicio, la dirección artística, el estupendo vestuario y la ambientación creada por Tarantino invitan al espectador a adentrarse de lleno en la década de los 40'.

En taquilla ha funcionado muy bien, siendo actualmente la 15ª película con más recaudación en el año con $246M y consiguiendo la mejor taquilla en toda la filmografía de Quentin Tarantino, superando incluso a "Pulp Fiction" (y si no consideramos las dos partes de "Kill Bill" una sola película). La película ha conseguido un completo éxito en los festivales por los que ha pasado, incluido Cannes, y ha cumplido con las expectativas puestas sobre Tarantino, un director y guionista que nunca deja indiferente al público con el estilo que imprime a sus películas. Tarantino ha demostrado que es capaz de tocar cualquier género y darle una nueva dimensión (cuando dijo que crearía un Spaghetti Western con la iconografía de la IIGM todos alucinamos) con un carácter gamberro, políticamente incorrecto y lleno de detalles que no hacen más que agrandar la mitología y calidad de sus películas (detalles como la chorrada-película de Zoller, "Stolz der Nation", son una muestra de la dimensión del filme), con escenas que transcurren presumiblemente de forma banal pero que siempre acaban estallando por algún lado. "Malditos Bastardos" es una gamberrada pura y dura que pasará a formar parte de la imprescindible filmografía de uno de los grandes directores de nuestra época, con estupendas interpretaciones donde destacan un supremo Christoph Waltz, una maravillosa, estupenda y preciosa Mélanie Laurent, un extraordinario Brad Pitt y un elenco de secundarios magníficos como Diane Kruger, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Til Schweiger y varios más. Una película sencilla, realizada con mucho corazón y de una originalidad suprema. Solo Tarantino se podía atrever a reescribir la historia así, solo Tarantino podía ser capaz de afrontar una historia de la IIGM con esta visión tan poco convencional, pero es precisamente lo que mejor se le da, construir su propio camino y triunfar con su magnífico sello propio. Que siga siendo así.

Mi puntuación: 8/10.

viernes, 25 de septiembre de 2009

"Náufragos", fascismo a la deriva.

Gente confinada, aislada y hambrienta... se masca la tragedia.

En 1944 Alfred Hitchcock ya formaba parte de la historia del cine; por aquellas alturas el Maestro del Suspense ya había realizado algunas de sus obras más célebres como "El Hombre que Sabía Demasiado", "Sabotaje (La Mujer Solitaria)" (y su propio remake americano "Sabotaje"), "Rebeca", "Treinta y Nueve Escalones" y "Sospecha", teniendo más de treinta películas a sus espaldas. Habiendo cuajado su etapa norteamericana con seis películas realizadas para Hollywood —a razón de una o dos películas por año— y tras el éxito de "La Sombra de una Duda" Hitchcock buscó una historia que convenciese a la Twenty Century Fox, y para ello decidió adaptar un relato del escritor John Steinbeck que narraba el martirio de un grupo de supervivientes perdidos en el océano fruto de un naufragio por el ataque de un submarino alemán, "Náufragos".

La séptima película de la etapa americana de Hitchcock gozaba de un planteamiento de una simplicidad extrema pero a la vez estaba provista de una gran dificultad para el director, que debía hacer de una película que transcurría en un solo escenario aislado algo entretenido y original. La historia de Steinbeck (que más tarde quiso que se le retirara de los créditos por algunas referencias racistas —principalmente en referencia al "derecho al voto" de Joe, supongo— y problemas con la adaptación de Hitchcock) mantiene un formato muy teatral, con un bote salvavidas en medio del océano a modo de escenario en el cual los nueve protagonistas deben interrelacionarse a la vez que reflejan inquietudes de la época, en plena Segunda Guerra Mundial. El guión de Jo Swerling, avezado guionista que se dice que colaboró en el guión de "Lo que el Viento se Llevó", necesitó que Ben Hecht, también colaborador en "Cleopatra", reescribiera el final, y aunque no es un argumento complejo sienta las bases de un recurrido y clásico tipo de historia en la que unos personajes variopintos, cada uno representando un aspecto de la humanidad/sociedad, son recluidos en una situación de peligro sin vistas a acabar en breve; gente encerrada y asustada que debe convivir, conspirar, mentir, amar... sacar a flote su auténtica personalidad y sus instintos animales y mostrar la verdadera cara del ser humano. Hay que añadir además un elemento detonante que en este caso, además de estar perdidos en medio del océano, es la llegada de un náufrago alemán cuya identidad e intenciones no tienen muy claras, posicionándose en actitudes extremas respecto a qué hacer con él. Muchas películas han partido posteriormente de un argumento parecido aunque no necesariamente con el océano como escenario, un ejemplo es "La Noche de los Muertos Vivientes" donde un variopinto grupo de personas luchan por salvar la amenaza de los zombies recluyéndose en una casa, o también valdría como ejemplo reciente "La Niebla" (2007) de Frank Darabont, donde una amplia masa pierde la cordura ante una amenaza externa desconocida; solo hay que sustituir la soledad del océano por la amenaza externa y el bote salvavidas por el supermercado para ver que en el fondo la historia es la misma.

"Náufragos", la quinta película que he visto del director tras "Psicosis", "La Soga", "La Ventana Indiscreta" y "Los Pájaros", se rodó en blanco y negro pese a que la idea inicial era rodarla en Technicolor, y su reparto iba a ser en principio enteramente masculino pero finalmente se incluyeron tres papeles femeninos, uno de ellos cabeza de cartel: Tallulah Bankhead. La actriz norteamericana, estrella a finales de los años 20 e inicios de los 30, llevaba más de diez años sin trabajar en Hollywood ya que centró sus esfuerzos en el teatro y de la mano de Hitchcock tuvo la oportunidad de volver al escenario cinematográfico (aunque luego pasaran de nuevo más de diez años sin aparecer en la gran pantalla) protagonizando la cinta en la piel de la cínica y adinerada periodista Constance 'Connie' Porter, sin duda el mejor papel de la película y el que muestra más matices, con una gran evolución durante los 96 minutos que dura. Bankhead ganó por este papel el premio de la crítica neoyorquina a la mejor actriz, y es desde luego la que más brilla en la película, mostrando al inicio su impasible actitud, prácticamente ajena al naufragio aunque gozando de una solidez extraordinaria, y finalmente su desesperación y humanización con su acercamiento a Kovac y el hecho de verse desprovista de todo lo que la alza como una intocable. El resto del plantel está formado por personajes variopintos, cada uno de ellos representa un valor de la sociedad, igual que en "El Señor de las Moscas"; John Kovac, interpretado también estupendamente —aunque algo sobreactuado en ocasiones— por John Hodiak, actor de corta experiencia y gran presencia, es el tipo duro, el "hombre anuncio" como le bautiza Connie, un tipo de clase obrera hecho a sí mismo y proveniente de los bajos fondos que lidera la cruzada contra el nazi y se empecina en capitanear el bote siguiendo como única máxima llevarle la contraria al alemán. Podría representar no solo el orgullo y la desconfianza sino también el desprecio por otras clases sociales, aunque en este caso por las que reprimen, evidentemente. Personalmente creo que uno de los dos actores que más destaca en la cinta es William Bendix como el bueno de Gus Smith (o Schidmt), el bailarín con el que "Náufragos" hace al espectador conectar y sentir lástima por él y su esposa, amantes del baile que desean volver a verse. No tienen desperdicio las escenas en las que bebe el coñac y en las que empieza a sufrir alucinaciones, todo un acierto de personaje que cae bien y que vemos como irremediablemente se lanza hacia el abismo de la locura. El otro actor que destacaría en el plantel masculino es Henry Hull, eterno actor secundario, que como Charles Rittenhouse representa la lógica, el raciocinio, la verdadera intención de aplicar ley y humanidad en el bote salvavidas, siempre con su puro en la boca y sus argumentos por delante; la voz de la razón.

A Willy lo interpreta el actor austriaco Walter Slezak, y también es uno de los actores que brilla en la cinta aunque de forma más discreta. Sobre él gira la principal trama acerca de las misteriosas intenciones del alemán, si realmente piensa salvarlos o es una traición, y es que durante la cinta tenemos la certeza de que aunque sea esta segunda intención la que tiene es la única esperanza que les queda a los ocho náufragos restantes para sobrevivir. A su misma vez Willy representaría la desconfianza y perversidad, aunque durante la cinta tenemos la duda si también refleja la ingenuidad y la bondad. De todos modos la película se estrenó en 1944 (tras muchos retrasos en el rodaje que inquietaron a la Fox) y aquella época no era la ideal para mostrar demasiadas dualidades con respecto a los nazis. Tampoco para poner en duda la funcionalidad de la democracia, y es que el mensaje no fue entendido por el público. La fe es personalizada en Joe, cuyo intérprete fue el primero en formar parte del casting, Canada Lee, que antes de "Náufragos" solo había realizado una película (y que luego no llegó a tener demasiado éxito tampoco). Joe también desprende bondad e ingenuidad y es el enlace con la fe y lo divino en la cinta, pero por ello mismo es despreciado en algún momento, por no aferrarse a lo terrenal cuando debe. Mary Anderson interpreta a la enfermera Miss MacKenzie, quien también representa ingenuidad y sobre todo bondad, no tanto como Joe, desde luego, pero también quiere mantenerse ajena a toda la violencia y conflictos generados en el bote. Su historia pasada también cobra importancia, algo de lo que no todos los personajes gozan en la cinta, y finalmente su historia se vuelve algo más tierna junto a la del también prudente Stanley, interpretado por Hume Cronyn, actor de corta experiencia, rostro llamativo y voz aguda que recibió una nominación al Oscar en el mismo 1944 por "La Séptima Cruz". Heather Angel cerraría el reparto como la Sta. Higley, cuyo breve papel protagoniza una de las escenas más espeluznantes de la cinta, cuando estando en shock sus brazos sujetan a un bebé ya imaginario.

Hitchcock es especialista en hacer parecer fácil lo difícil y hacer parecer difícil lo fácil. En "Náufragos" es capaz de hacer que una película difícil aparente ser algo fácil de rodar, y es que el mérito de rodar en un solo escenario y además minúsculo es tremendo. Con solo ocho personajes más uno es capaz de mantener un buen grado de tensión, hacer que el ritmo no decaiga y se vayan sucediendo inteligentemente los capítulos de la historia de supervivencia de los tripulantes del bote, donde la convivencia, las sospechas y la falta de provisiones y agua pronto hace mella en sus relaciones. El realizador rodó todas las escenas en un set y más tarde añadió transparencias del mar y el cielo, y acostumbrado a innovar con técnicas de rodaje consiguió que la fotografía del film se adaptase a la teórica hora real que transcurre en la historia. De hecho una de las tres nominaciones que la película recibió fue a la Mejor Fotografía (en Blanco y Negro), mientras que las otras dos fueron para el Mejor Guión y Mejor Dirección, la forma de premiar el esfuerzo de Hitchcock en la cinta. No se llevó ninguno de los premios a los que optaba ("Siguiendo mi Camino" y "Laura" le arrebataron los galardones), y su nominación a la Mejor Dirección fue la segunda de las cinco a las que el Maestro del Suspense optó durante toda su carrera, un premio que siempre se le negó y que demostró merecer en más de una ocasión. Premios aparte, Hitchcock hace un trabajo excepcional, en ningún momento la cámara abandona el interior del barco y en toda la cinta no hay ni una nota musical, exceptuando las que la flauta de Joe emiten o Willy cantan o las de los títulos de crédito iniciales, un ausencia de música a favor del sonido ambiental y el realismo que funciona perfectamente, logrando esa sensación de soledad, desamparo y abandono tan adecuada para la cinta. Otro de los méritos de Hitchcock es comprobar cómo se las ingenió para realizar su habitual cameo, algo harto difícil teniendo en cuenta que la acción transcurre en un bote salvavidas alejado de toda civilización, así que introdujo una escena en la que uno de los personajes lee un periódico en el que Hitchcock aparece en un anuncio de un producto adelgazante como el "Antes y Después".

Hitchcock demostró su maestría una vez más con esta cinta, y aunque su mensaje de unión entre los aliados no fue bien interpretado puede recibir lecturas más llanas que hacen disfrutar igualmente de la película. De hecho, fruto de la incomprensión Hitchcock se decidió a realizar dos cortometrajes propagandísticos de la IIGM en ese mismo año: "Bon Voyage" y "Aventure Malgache", y un año después se decidiría a seguir con otra de sus películas más recordadas, "Recuerda", y es que a Hitchcock aún le quedaban muchas obras con las que demostrar su infinito talento. "Náufragos" es una película sencilla, con partes sobrecogedoras y trágicas, un retrato del ser humano que puede recibir varias lecturas y que es capaz de generar tensión, odio y lástima a partes iguales, con una inconmensurable Tallulah Bankhead que se come la pantalla y un trabajo en la fotografía y el sentido del ritmo magníficos. "Náufragos" es una película con un mérito titánico, de formato teatral, grandes interpretaciones y situaciones tensas, todo realizado de forma discreta, y es que cuando el espectador encuentra sencillez en una cinta de Hitchcock... seguro que en realidad no la hay.

Mi puntuación: 7/10.

martes, 2 de junio de 2009

Tetralogía "Rambo", ¡esto es un infierno!

El icono bélico por antonomasia, el veterano de Vietnam por excelencia.

Es curioso cuando uno se para a analizar la filmografía compuesta por las cuatro películas de John Rambo y se da cuenta de la extraña evolución que ha sufrido el personaje a lo largo de estas. John James Rambo ha pasado a lo largo de su historia cinematográfica de ser un fugitivo y un incomprendido a ser un héroe nacional, la última esperanza blanca, para acabar siendo en última instancia sencillamente el defensor no ya de la patria sino del bien y la justicia, impartiéndola por sus propios métodos (esto es, plomo y fuego) pero teniendo siempre como cimientos su insaciable sed de sangre, su irremediable pasión por la guerra, la muerte y la desolación, por mucho que intente oponerse a su naturaleza asesina una y otra vez.

Las películas de Rambo no admiten medias tintas, o lo amas o lo odias, o lo entiendes o lo rechazas. Incluyendo la última película, realizada el año pasado, estas películas son la máxima expresión del cine de acción de los 80, sobre todo la segunda y la tercera partes, porque la primera casi se puede analizar independientemente de las otras tres debido al cambio de estilo que supone respecto a sus predecesoras, y la cuarta pese a haberse rodado a finales de esta década mantiene una filosofía muy próxima al cine de aquella época, de los sucios y duros 80. Rambo es hoy en día el icono de la guerra (todos conocemos la expresión "hacer el Rambo" que se usa mucho en el cine y cotidianamente), del perfecto soldado americano que lucha por su patria (aunque realmente no lo haga precisamente por su patria) y defiende al débil matando a comunistas y "amarillos" mientras la bandera americana ondea a la retaguardia; eso es lo que gusta ver a los aficionados del cine de acción de los 80 y 90, aquel cine honesto, simple, violento (aunque es curioso ver como esa supuesta híper-violencia se ha quedado desfasada con el tiempo respecto a la actual) y sobre todo visto como un entretenimiento inocente y vacío, satisfactoriamente vacío. A continuación repaso la saga entera, analizando los elementos que han convertido a cada una de sus películas en míticas y puntuándolas dentro de su género, por supuesto.

"Acorralado" (1982).

Un día cualquiera puedes meterte con el tipo equivocado...

La novela de David Morrell llamada "Primera Sangre" ("First Blood", título original de la película) inspiró varios guiones que no se vieron materializados hasta que un floreciente y famoso Sylvester Stallone, que ya formaba parte del star-system hollywoodiense gracias a las tres primeras películas de la saga "Rocky", se interesó en el proyecto. Stallone metió mano en el guión de William Sackheim y Michael Kozoll para hacer del personaje alguien más heroico (aunque en esta primera película de heroico no tenía nada) y bondadoso que el de la novela de Morrell, cambiando varios aspectos fundamentales como el mismo final (del que por cierto existe un final alternativo más semejante al de la novela donde Rambo moría). "Acorralado" es un drama disfrazado de película de acción; debido a la evolución del personaje es usual (y lógico) asociar las cuatro películas de la tetralogía a la acción más vehemente pero con la primera debe hacerse una excepción ya que en este caso la acción/violencia solo sirve de excusa para contar una historia, una dura historia, todo sea dicho de paso, que además es en cierto modo reivindicativa o exclamativa con respecto a un hecho que era relativamente reciente entonces, como era el rechazo popular a los jóvenes que combatieron en la Guerra de Vietnam, que de la noche a la mañana pasaron de ser héroes a villanos al cambiar el uniforme por su ciudadanía.

Es evidente que hay dos conceptos sobre los cuales gira el film: primero, el horror de la guerra, y segundo, el rechazo del pueblo hacia unos chavales que defendieron (o desde luego eso creían estar haciendo) su patria y la libertad para poder proporcionar un futuro a su nación, y que no solo no recibieron una gratitud equivalente a su sacrificio sino que fueron tratados como parias. Cuidado, no me estoy posicionando a un lado u otro, simplemente estoy enunciando lo que se puede observar en el film, el evidente cinismo de la cultura norteamericana con respecto a aquella guerra y la forma que tiene "Acorralado" de denunciar ese aspecto mediante el sufrimiento y frustración de John Rambo, un hombre transformado en una máquina de matar por su país que una vez finalizado el conflicto ya no tiene un lugar donde estar ni al que pertenecer; se dedica a vagabundear intentando encontrar un enlace con su antigua y añorada vida —buscando a sus antiguos compañeros, todos muertos—, en la cual era alguien importante, con poder e ilusión, con un objetivo que cumplir, con una meta que alcanzar, alguien admirado y cómodo con la vida que llevaba pese a los horrores vividos. El desarraigo, el rechazo, la desesperanza de Rambo se refleja en la cara del actor, una mirada inocente que encierra sufrimiento y tristeza y que por las circunstancias acaba desatando la ira y la locura de la guerra. «Les podría haber matado a todos, podría haberle matado a Usted. Usted es la ley en la ciudad pero aquí la ley soy yo. No insistan, márchense o se verán metidos en una guerra que no olvidarán. ¡Lárguense!», le dice Rambo al Sheriff, el detonador de la masacre.

Es irónico que sea en la Ciudad Esperanza donde tiene lugar la historia del film, un tranquilo pueblo montañés en el que no parece pasar nunca nada y donde el Sheriff Will Teasle (brillante Brian Dennehy) se muestra intolerante y fascista. A Rambo lo prejuzga y juzga sin darle la oportunidad de demostrar si será un problema o no para el pacífico pueblo (y de no ser de la intervención del Sheriff no lo hubiera sido, pero vaya si lo acaba siendo) y los traumas y fantasmas pasados de Rambo florecen de nuevo cuando sufre las vejaciones y maltrato de los policías locales, lo que acaba por desatar el calvario vivido por todos. Recuerdo haber visto esta película cuando era pequeño en alguna reposición por la televisión y aluciné, entonces me fascinó la idea de que un solo hombre fuese capaz no solo de escapar de otros tantos armados sino encima conseguir reducirlos y meterles el miedo en el cuerpo, y todo sin matar a (casi)nadie. La inclusión del personaje del Coronel Trautman (memorable Richard Crenna) resulta un perfecto elemento narrativo para dar mayor peso a la leyenda del soldado invencible, y además presenta a un personaje que durante dos películas más sería una bandera de la saga.

Las escenas de acción son contenidas (no hay grandes alardes), varias persecuciones en vehículo y a pie, un par de tiroteos y alguna escena de caza y todas son de una calidad notable, de gran sencillez y bastante realismo dentro de lo cabe (luego la saga derivó hacia un —estupendo— surrealismo y desproporción) aprovechando el terreno montañoso del bosque que es el marco perfecto para esta pintoresca historia. "Acorralado" es el ejemplo de película dramática con la acción como excusa, y no al contrario, con la cual se puede disfrutar además de la lectura simple (Rambo se carga todo lo que se le ponga delante) y de la lectura más profunda (Rambo es un pobre chico traumatizado con la guerra e inadaptado en su propio país), escarbando un poco en su superficie y encontrándonos con grandes diálogos con los que disfrutar entendiéndolos de las mismas dos maneras. El épico discurso final es de aquellos de los que uno no se olvida, que han pasado a formar parte de la historia del cine, un emotivo monólogo por parte de Rambo que deja clara la intención y conceptos del film, y que resulta el broche perfecto de la cinta. La brillante y aclamada composición musical de Jerry Goldsmith y la excepcional dirección de Ted Kotcheff respaldaron la calidad del film que personalmente considero el mejor de los cuatro, aunque se aleje del estilo del resto de la saga, siendo una de aquellas películas memorables que de vez en cuando merece la pena revisionar porque ha conseguido mantener el tipo con los años. Un clásico total.

Mi puntuación: 8/10.

"Acorralado. Parte II" (1985).

Se acabaron los dramas, ahora toca vivir la guerra.

Tres años después del éxito de "Acorralado", que cosechó unos resultados de taquilla extraordinarios en comparación con su reducido presupuesto, llegó la secuela que se desligaba por completo del argumento establecido en la novela de David Morrell y que tomaba otro camino completamente diferente a ésta. Adiós al drama, hola a la acción ochentera. Rambo entraba en el campo de la acción descabellada convirtiéndose en una de las películas que definiría el género en los 80', adoptando un arriesgado giro con respecto a su sucesora en una clase de película que poco tiene que ver con aquella. El guión de "Acorralado. Parte II" corrió a cargo de Sylvester Stallone y James Cameron (sí, el mismo Cameron de "Titanic", "Aliens" y "Terminator", aunque por aquel entonces solo había realizado el guión de ésta última) aunque por lo visto fue el actor el que dio un cambio importante a la historia que tenía intención de hacer Cameron. El enfoque de Stallone fue claro, realizar un film de acción donde Rambo resucitase a sus fantasmas y de paso se cargara a todos los comunistas que pudiese. George P. Cosmatos, quien realizaría un año después la perla "Cobra, el Brazo Fuerte de la Ley" protagonizada por el mismo Stallone, fue quien dirigió esta segunda película que es una declaración de intenciones desde que empieza con una gran explosión; seguro que Michael Bay tomó buena nota de lo visto en este film.

"Acorralado. Parte II" define el abecé de las películas de acción de sudor y cerveza de los ochenta: comienza con una misión compleja que por supuesto aún se complica más, un hombre contra un ejército, sigue con secuencias de acción frenéticas de persecuciones, infiltraciones y tiroteos y acaba con una gran masacre que culmina con el héroe ensangrentado caminando hacia el horizonte. La diferencia con otras películas, y esto es algo que define a la saga entera, es que aquí no hay lugar para el romance. Pese a eso esta segunda película es la única en la cual hay un ligero acercamiento entre Rambo y una mujer, aunque finalmente no se consuma nada ni llegue más lejos del intercambio de un collar. En esta película se materializan escenas tan míticas como la clásica en la que Rambo prepara su material, armamento y ropa, que se ha convertido en un icono del cine de acción y un tópico estándar. También es la única cinta que incluye un pequeño giro de guión, que busca algo un poco "enrevesado" (por lo menos más que el resto de películas de la saga) con lo que aumentar la tensión, aunque lo realmente importante es ver al veterano del Vietnam matando vietnamitas y rusos como si fuesen moscas. El argumento de esta película se centra en la misión que se le asigna a Rambo a cambio de su libertad, que consiste en ir a Vietnam a comprobar si aún existen prisioneros de guerra norteamericanos para organizar un rescate, pero una vez allí descubrirá que solo ha sido un peón utilizado para favorecer los intereses poco honrosos del teniente Murdock, que enseguida entenderá que haber traicionado a Rambo es el peor error que haya podido cometer.

Ahora Rambo tiene tres enemigos que combatir, los vietnamitas, los rusos que les apoyan y los americanos que no les importa una mierda la vida humana. Repite Richard Crenna como el Coronel Samuel Trautman, el único en quien puede confiar Rambo, y se añaden dos estupendas figuras como son la del Teniente Coronel Steven Berkoff, el ruso al mando del campamento de prisioneros, y Charles Napier como Marshall Murdock, ambos en estupendos papeles de cerdos sin escrúpulos. Julia Nickson-Soul (que interpreta a Co Bao) tiene el honor, quizá junto a Julie Benz en la cuarta película, de ser la única chica que tuvo un ligero y discreto acercamiento al veterano de Vietnam, aunque esto no es más que un conato de romanticismo frustrado. Y es que no en vano se puede comprobar en una tabla que circula por internet con las estadísticas de la tetralogía donde el número de escenas de sexo es nulo en todas ellas. En cambio el número de muertos es exponencial... como debe de ser. Y es que ser una chica-Rambo no es lo mismo que ser una chica-Bond, desde luego.

Esta segunda película representa un tipo de cine que ya no se hace... excepto por el mismo Stallone, claro. En 1985 no se aplicaba el estilo (genial, pero de distinta forma) de las películas de acción actuales de Jason Bourne o del nuevo James Bond, aquello consistía en matar y matar sin dejar de gastar balas y sin reparar en explosiones, donde John Rambo representaba la invulnerabilidad y el orgullo americano que por muchos disparos que se le dieran nunca acababa seriamente herido (o si lo acababa se recuperaba en un momento). Las secuencias de acción de aquella época no eran menos espectaculares que las de la actualidad —eso sí, muy diferentes— donde todo explotaba, ya fuera una barca o una casa de paja, y donde los enemigos caían sin el menor destello de compasión ni duda y que al morir recibían un sonoro aplauso y exclamación; los vietnamitas y rusos eran malos, muy malos, había que acabar con ellos y para eso estaba el héroe nacional: John Rambo había pasado de ser un fugitivo incomprendido a un héroe nacional, y todo por la obra y gracia de Sylvester Stallone que definitivamente se convirtió en un héroe del cine de acción al mismo tiempo que lo hacía su colega Schwarzenegger. Por cierto, esta fue la única película que recibió una nominación al Oscar, por el montaje de sonido, además de ser la más taquillera con una gran diferencia.

Mi puntuación: 7/10.

"Rambo III" (1988).

La guerra nunca cesará.

Tras la sorprendente —por el cambio de estilo— segunda parte llegó en 1988 "Rambo III" que fue la que durante 20 años cerró la trilogía de Rambo. Según el Libro Guinness de los Récords fue la película más violenta jamás rodada, con el mayor número de víctimas de la historia del cine (cosa que la cuarta película superó sin problemas), lo cual fue parodiado debidamente en la mítica "Hot Shots 2" (incluso con la aparición del mismo Richard Crenna). En esta película vemos como John Rambo se aparta de los problemas ganándose la vida en Tailandia en luchas clandestinas y viviendo una vida espiritual, hasta que el Cornel Trautman le viene a asignar la enésima misión que él rechaza. La misión consistía —ojo a las ironías de la vida, teniendo en cuenta la guerra que en la actualidad ha librado EEUU— en dar apoyo a las tropas rebeldes en Afganistán mediante suministro de armas para repeler las fuerzas soviéticas que trataban de invadir el país. Ante la negativa de Rambo es el propio Trautman quien acaba ejecutando la misión y tras fallar es capturado y torturado por un Coronel ruso inquebrantable. Es entonces cuando Rambo se ve con el deber moral de ayudar a su antiguo mentor y rescatarlo del inhóspito terreno afgano en el que el Coronel Zaysen tiene desplegado su campamento.

Rambo meets "Lawrence de Arabia"; la saga del veterano de Vietnam deja los terrenos selváticos y boscosos de las anteriores películas y se pasa a los secos desiertos del país oriental, siendo esta la película que más tarda en arrancar pero que una vez lo hace desata una estupenda y disfrutable masacre. Cambia el escenario, pero no lo hace Rambo, que debe volver a convertirse en Guerra y nos vuelve a deleitar con el mismo patrón que en la anterior cinta; infiltración en campamentos, emboscadas en la penumbra, tiroteos de máxima exageración, flechas con punta explosiva... en definitiva, un solo hombre contra un ejército una vez más, una gozada de nuevo. Se puede notificar que hay en esta película un ligero componente de humor que no se ha visto en ninguna de las otras películas de la saga, resulta algo tópico y es algo que muchas películas de los 80' tienen, y es quizá algo que no me cuadra para nada en esta saga pero igualmente es perdonable. Se estrenaba tras la cámara el director de fotografía y asistente de dirección Peter MacDonald y lo hacía de forma solvente, y es que lo de menos en estas películas es la calidad artística de la dirección (aunque se pide un mínimo, claro).

Sylvester Stallone volvió a firmar el guión, esta vez junto a Sheldon Lettich, en el cual Rambo colaboraba codo con codo con los afganos, liderados por Masoud (estupendo Spiros Focás) y cuyo objetivo común de derrocar a los soviéticos resulta en los tiempos que corren una visión tan cínica como irónica. Rambo vuelve a desatar la guerra y esta vez sí cabe es más exagerada, el libro Guinness no exagera pues la que se lía en el poblado muhaydin y en el campamento soviético es digno de figurar en los registros: 78 enemigos exterminados por Rambo y un total de prácticamente 130 víctimas de ambos bandos en total. Crema fina, oigan. A destacar la escena de la cueva en la que Rambo acaba selectivamente con un grupo de élite soviético armado tan solo con su famoso arco y sus flechas explosivas, una escena clásica de las películas, y el posterior enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el típico gigantón guardaespaldas del villano de turno, que tan de moda se puso en la saga Bond desde "Desde Rusia con Amor" y luego explotó, entre otras, en la saga de "Indiana Jones". Stallone, que en esta tercera película gozó de uno de los físicos más imponentes, definidos y voluptuosos que ha lucido en su carrera, también se lució en la mítica escena inicial que se convirtió en una escena clásica de la saga, donde lucha cuerpo a cuerpo en un corral tailandés en el que se realizan apuestas y combates salvajes, y donde Rambo se parte la cara con una mula en una escena de lucha que hasta el momento era algo inédito en la saga.

Jerry Goldsmith firmaría la BSO por tercera y última vez, pues cuando se estrenó la cuarta película el compositor norteamericano ya había fallecido pocos años antes. La composición musical de "Rambo III" fue de las más extensas (reciclando también material de las otras dos entregas), pero finalmente gran parte de esa partitura no se incluyó en el metraje final, cosa que fue subsanada años más tarde en reediciones posteriores. En definitiva "Rambo III" fue una evolución lógica de "Acorralado. Parte II", siguiendo la misma senda de ésta y aumentándolo todo un grado para ser tanto o más espectacular y proporcionar a los espectadores una nueva entrega del héroe americano. El enemigo del comunismo (ahora parece un tema desfasado pero entonces la Guerra Fría era algo que los norteamericanos seguían viviendo) se alzó como héroe definitivo del cine de acción, y todas las películas contemporáneas copiaban ya sin pudor el estilo y carácter de sus películas, sin contar ya las películas de serie-Z que encontraron una mina en las últimas entregas de Rambo. La tercera película tiene más "de todo" que la segunda, aún así no me parece tan divertida como aquella pero lo que sí que consigue es entretener y divertir, que es el objetivo evidente de estas películas en concreto, y es por eso que pese a bajar un poco el nivel sigue siendo una película a revisionar de vez en cuando, por su toque gamberro y por su cantidad de escenas épicas y exageradas que tiene.

Mi puntuación: 7/10.

"John Rambo" (2008).

La mayor (y mejor) carnicería que nadie podía imaginarse.

Salvaje. Es la primera palabra que a uno le viene a la mente. Salvajismo, brutalidad, barbaridad, atrocidad... todos son sinónimos de "John Rambo". Veinte años después de la última película Stallone sorprendió a todos con el anuncio de la cuarta entrega de la ya abandonada (y añorada, por supuesto) saga del veterano de Vietnam. Primero hubo incredulidad, luego sonaron risas, pero tras el estreno de la más que notable y digna "Rocky Balboa" y la materialización del talento tras la cámara y la buena forma de Sly lo que hubo fue una mezcla entre reserva e ilusión. Todos teníamos en mente al fibroso Stallone de "Rambo III" y no nos podíamos imaginar como un tipo de 60 años podría volver a encarnar a este diablo de la guerra, pero el potro italiano dejó claro que lo suyo es el cine y que la pasión y respeto que siente por el género que le dio tantos triunfos sigue siendo tan grande como antaño. "John Rambo" dejó claras muchas cosas, primero que el talento tras la cámara de Stallone es evidente, en "Rocky Balboa" hizo un trabajo excepcional (en serio, fue un trabajo que me enamoró) y aunque en esta cuarta entrega de Rambo no alcanzase el maravilloso nivel de aquella la verdad es que es una realización impecable la que lleva a cabo (es la primera de Rambo que dirige). Queda patente que Stallone no es un actor descerebrado, es también guionista, director y productor de muchas de las películas en las que ha participado, ha sido guionista de todas las entregas de Rocky y las de Rambo (esta cuarta la co-escribió con Art Monterastelli) y encima sabe ofrecer a la gente lo que busca. La segunda cosa que se materializó fue el buen estado de forma del actor, que pese a no lucir pectorales en esta entrega sí que tiene una gran agilidad y fuerza impropias de alguien de su edad; si alguien nos hubiera dicho hace 20 años que un actor y personaje de 60 hubiese protagonizado una película de acción como esta no le hubiéramos creído. El tercer factor a destacar es el estupendo sabor de boca que Stallone sabe dejar con sus películas; son humildes y sencillas, pero tremendamente efectivas.

"John Rambo" es una película de acción con cierto espíritu añejo de los 80/90, y eso siempre viene bien. Es muy importante destacar que es una película sin pretensiones que ofrece mucho más de lo que se espera de ella, y es básico entenderla como tal. Como diría cierto espartano: «This is Rambo, y aquí todo vale. Si "Rambo III" aumentó la tasa de muertes y acción con respecto a su predecesora aquí lo que hace "John Rambo" es romper todos los registros y bodycounts habidos hasta la fecha, logrando una cifra nunca vista hasta el momento como es un total de casi 240 muertes, 80 de las cuales son obra solo del ajado John Rambo. La película es corta, su duración ronda los 90 minutos pero realmente, sin contar créditos, es una hora y cuarto de metraje, y ese cuarto de hora final es lo más grande visto en el cine de acción en toda la historia. En serio, siendo sinceros la película es algo floja durante todo su metraje con la excepción de algunos episodios aislados como los ataques birmanos que le encogerían el estómago a un verdugo, el lanzamiento de arco de Rambo en una escena y la maravillosa infiltración en el campamento birmano, pero no es hasta el final cuando la película se destapa y se convierte en uno de los momentos más espectaculares que he vivido en una sala de cine en toda mi vida. Uno no sabe muy bien qué tipo de film está viendo al principio, se le ve un toque de hijoputez supina pero no atina uno a clasificar qué tipo de cine de acción es... hasta que comienza la GRAN MASACRE. A partir de La Explosión —así con mayúsculas— que todos sabréis si habéis visto el film se desata la mayor de las carnicerías vistas, un holocausto birmano digno de figurar entre las mejores secuencias de acción de la historia donde la bestialidad hace el acto de presencia definitivo. Una escena que nos obligó a tensar los músculos a los asistentes de aquella sesión, una secuencia que no pararemos de rememorar.

Antes de eso el catálogo de barbaridades por parte de los (bastardos sin alma) birmanos es imponente: niños disparados a bocajarro, aplastados, ensartados con bayonetas y tirados al fuego en vida, piernas, cabezas y brazos cercenados, cuerpos partidos en dos, mutilados, descuartizados y quemados, gargantas arrancadas, cabezas desintegradas y trituradas, gente exterminada sin vacile, cayendo como moscas... todo en "John Rambo" tiene cabida, y es que como dijo Stallone en una de las entrevistas de promoción la guerra no es "pum pum, te doy un tiro y estás muerto", sino que en la guerra se ven las peores atrocidades que uno pueda soñar, y eso es lo que quiso mostrar el actor norteamericano. La película es básicamente sudor y sangre, más lo segundo que lo primero, sin lugar para el humor y demostrando una gran valentía por parte de Stallone a la hora de mostrarnos la violencia; a ver qué película de lo que llevamos de s.XXI es capaz de enseñarnos unas barbaridades tan grandes y explícitas como "John Rambo"... ninguna. Es de ley destacar este factor como una de las mejores cualidades del film. Un punto sobre la i, una declaración de intenciones, un canto a la más profunda violencia descarnada, y en el fondo inocente, del cine como entretenimiento, de la exageración y de la espectacularidad. El argumento de esta cuarta película coloca al protagonista en una posición semejante a la de la tercera película. John vive apartado de todo en Tailandia, allí tiene una vida austera, ganándose la vida cazando serpientes y sirviendo de barquero. Un grupo de misioneros que defienden la causa del pueblo birmano le pide a Rambo que les lleve hasta el país vecino para realizar tareas humanitarias y tras ceder a regañadientes se entera más tarde de que el grupo ha sido capturado por una guerrilla del ejército birmano tras arrasar el poblado en el que los dejó. Rambo, hastiado del mundo y su naturaleza violenta, decide volver para ayudar al grupo, acompañado de un grupo de mercenarios que no tienen idea de con quién se han asociado, y pronto descubrirán que el simple barquero es mucho más que eso...

Existen muchas semejanzas con la segunda película, por el escenario de selva tropical, por el tipo de villanos (aunque no aparezcan soviéticos), por la misión de rescate (una vez más), aunque finalmente se desarrolle de una forma bien distinta, sobre todo en su tramo final. Respecto a los personajes no se profundiza demasiado en ninguno, quizá algo en Rambo explorando su naturaleza y motivación en varias ocasiones, pero al final simplemente se le despierta el demonio de su interior y hace lo que mejor sabe, y menudo disfrute cuando se abre la caja de pandora. Se incluyen varios personajes como excusa para motivar la actitud de Rambo (como Sarah, interpretada por Julie Benz), o algún que otro mercenario con cierta importancia en la trama principal (Matthew Marsden como School Boy), pero lo realmente importante es ver cómo se mueve el pesado Rambo, como imparte justicia con sus propias manos, como sigue corriendo y saltando como en el primer día, como se puede leer la pasión de la guerra en sus ojos. Como he comentado en la anterior película no se pudo contar con Jerry Goldsmith debido a su muerte, igual que se tuvo que prescindir del Coronel Trautman (y Richard Crenna, que no sobrevivió el cáncer), y para sustituir al compositor fue Brian Tyler ("La Conspiración del Pánico", "Constantine") quien realizó una BSO excepcional que aprovecha algunos de los temas de Goldsmith y resulta ser una partitura perfecta para avivar los momentos de crudeza máxima y frenesí del film. "John Rambo" es una película que debe verse, por su valentía, su falta de pretensiones, su humildad y honestidad respecto al espectador y que merece sobre todo una especial atención a los últimos 15 minutos comentados, una barbaridad y maravilla absoluta que engrandece la cinta hasta el límite, a pesar de que durante los 60 minutos anteriores fuera más discreta.

«Sabes lo que eres, lo que llevas dentro. Llevas la guerra en la sangre. No luches contra eso. No mataste por tu país, mataste por ti. Dios nunca dejará que olvides eso. Cuando te empujan, matar es tan fácil como respirar.»

Mi puntuación: 8/10.

Rambo es Guerra, y a nosotros nos gusta Rambo porque es la exageración de la realidad, una caricatura de la crueldad de la guerra que hace que la aceptemos algo mejor. Vista como entretenimiento, esta tetralogía tiene todo lo que se puede pedir para una tarde de cine con colegas, palomitas y Coca-Cola. Esperaos que no hagan la quinta parte, que si no me equivoco el bueno de Stallone ya está preparando, aunque antes tendremos que ver "The Expendables", también escrita y dirigida por esta leyenda viva del cine de acción que se ha empeñado en seguir deleitándonos con lo que en su día nos hizo felices y que con el paso del tiempo sigue ganando en nostalgia. Suerte que este Tiranosaurio del cine de acción sabe lo que nos gusta. Ave, Stallone.

sábado, 21 de febrero de 2009

"Vals con Bashir", memoria traicionera.

Impactante documental/drama que se sirve de técnicas de animación para recrear de forma ingeniosa el genocidio de 1982 en el Líbano.

En 1982 las tropas de Israel invadieron el Líbano para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina, y durante este conflicto armado se produjo una de las matanzas más cruentas y con más repercusión en toda Europa, la llamada Masacre de Sabra y Chatila, en la que la Falange Libanesa exterminó a sangre fría a cientos o miles de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, cerca de Beirut, frente la pasividad del ejército israelí que observaba el genocidio sin intervenir. La excusa de la milicia cristiano-falangista libanesa para entrar en los campos era identificar y desarmar a miembros de la Organización para la Liberación de Palestina, pero lo que ocurrió en realidad fue que se llevaron a cabo fusilamientos, ejecuciones, violaciones y todo tipo de crímenes y asesinatos que acabaron con la vida de hombres, mujeres, abuelos y niños inocentes y ajenos al conflicto, mientras el ejército israelí vigilaba el perímetro de la zona e iluminaba la escena. Ari Folman fue soldado israelí en la Guerra del Líbano en 1982 y testigo de la masacre, y desde hace algunos años es director y guionista en su país natal, en el que ha realizado tan solo tres películas hasta la fecha en doce años: "Clara Hakedosha", "Made in Israel"_ y la película que este año pasado ha causado sensación por todo el globo, "Vals con Bashir".

La película explica como el protagonista, Ari, intenta dar solución al problema que un amigo suyo le cuenta, el cual lleva un par de años teniendo el mismo recurrente sueño noche tras noche donde 26 perros rabiosos le persiguen para matarle. El sueño está relacionado con su pasado como soldado en la Guerra del Líbano que tuvo lugar más de 20 años atrás y Ari advierte que no conserva recuerdos de esa época, en concreto de la Masacre de Sabra y Chatila en la que asistió como refuerzo de la fuerza de defensa israelí, y extrañado e intrigado comienza una búsqueda de respuestas para desvelar el por qué de esa curiosa pérdida de memoria.

Ari Folman no solo ha escrito y dirigido "Vals con Bashir" sino que también la protagoniza basándose en sus propias vivencias por lo que no solo estaríamos hablando de una película de ficción ya que en cierto modo también sería un documental con aspectos de ficción o incluso un biopic. La película sería difícil de clasificar, para empezar porque es un film animado con una temática seria, cosa que hoy en día parece que no todo el público entiende ya que en ocasiones se cree que los dibujos están limitados tan solo al cine infantil —craso y lamentable error— y la trama que narra no tiene nada de comedia ni de insustancial, salvo contadas y concretas escenas para mitigar tensión. Dentro del género animado (si lo consideramos género) nos encontramos con un film a medio camino entre la ficción y la realidad, por un lado la historia que cuenta es verídica, está basada en las experiencias del director y de hecho él es el protagonista de la cinta y el personaje que conduce el film, pero por otro la película está llena de escenas surrealistas y oníricas que no hacen sino representar algunos sentimientos, situaciones metafóricas y sueños que de ser una película convencional no podrían llevarse a cabo. En este aspecto podría considerarse en cierta forma un documental con tintes ficticios ya que la estructura del film como documental es muy clásica en ocasiones, Ari va buscando a antiguos compañeros en el ejército y algún que otro periodista, abogado y psicólogo, realizando entrevistas y recopilando opiniones que van dando forma a una representación de lo que ocurrió, ayudándose de flashbacks a modo de "imágenes de archivo", lo cual corresponde al perfil de documental. Además la mayoría de los personajes son reales y prestan su voz para el film, que está rodado íntegramente en hebreo en su versión original.

La película además de estar encartada en el género de documental y animación también se podría incluir ligeramente en el bélico, ya que recurre constantemente al conflicto armado del Líbano y tiene muchas escenas en pantalla a base de flashbacks, y sin duda también funcionaría como drama por la carga emotiva del film, aunque más que emotiva es desgarradora; creo que el final de la cinta, la última escena de todas, es quizá la escena final más impactante de las que he visto en mi vida en una película, por lo evidente. Si alguien la ha visto sabrá de qué hablo. Para acabar de encuadrarla en sub-géneros también encajaría como película de suspense, debido a que el hilo del film es encontrar respuesta a por qué Ari no consigue tener recuerdos de la masacre, tenemos la duda de qué quiere esconder (consciente o inconscientemente), qué significa su recurrente sueño de la playa y qué ha hecho que olvide un suceso tan traumático. Hasta el final no conocemos la respuesta, lo que le da ese componente de intriga que acaba otorgándole a la película una dimensión más completa, otro significado y sobre todo un sentido.

La animación de "Vals con Bashir" es un punto muy fuerte, no tiene nada de convencional y no se decanta por la tendencia actual de la animación en 3D sino que apuesta por una combinación de varios estilos de animación. Obra de Yoni Goodman, la animación tradicional a mano se ha complementado con animación en Flash (2D) basada en material en vídeo, todo ayudado por técnicas 3D, y aunque lo parezca no tiene nada que ver con la técnica de la rotoscopia, utilizada por ejemplo en "Una Mirada a la oscuridad: A Scanner Darkly" (otra imprescindible), que se anima a partir de la imagen real una vez filmada. El resultado es un vistoso y aparentemente sencillo estilo visual que en realidad es una exquisitez cuando lo vemos en movimiento, pequeños detalles sobresalen en el conjunto de forma natural, con fluidos movimientos y animaciones que están realizadas a consciencia prestando atención a los juegos de sombras e iluminación, realmente maravillosos y al uso del color que son la prueba de la altísima calidad de la animación. Además este estilo da pie a que se puedan realizar con soltura las escenas de sueños y fantasías con suma facilidad, y eso es uno de los factores que hace que la película tenga un punto surrealista que le da el toque de maestría.

Además de la brillante dirección de Ari Folman y su tremendo guión también destaca la música, obra de Max Richter que realiza una melodía muy orquestada y clásica, con pianos y violines dando un tono melodramático al film en ocasiones clave o animando la acción con temas más movidos, y sobre todo destaca por la elección de algunas canciones más movidas de los 80' como "Enola Gay" de OMD, "This is Not a Love Song" de PiL y otras varias que encajan a la perfección con la narración del instante en el que suenan. La banda sonora es otro de los grandes puntos fuertes de la cinta.

La película, que es una co-producción internacional entre Israel, EEUU, Alemania y Francia de cuatro años de trabajo, ha sido un éxito total en todos los ámbitos artísticos, e incluso en taquilla ha conseguido unos resultados dignos de más de $8M que superan sus $2M de presupuesto, y teniendo en cuenta el corte del film (animado, surrealista en ocasiones y semi-documental) es todo un logro. La crítica se ha volcado completamente con la película, en varios círculos críticos y en las revistas más prestigiosas se ha considerado que está entre las mejores películas de 2008 (en EEUU se estrenó el año pasado), ha estado presente en los mejores festivales, ganó el Globo de Oro a la mejor película extranjera, está nominada en la misma categoría en los próximos Oscar, en Cannes formó parte de la sección oficial, en los BAFTA opta a los premios de mejor película animada y mejor película extranjera, igual que en la Broadcast Film Critics Association (la mayor asociación de críticos en los EEUU), considerada la mejor película del año por la National Society of Film Critics, por supuesto en los premios del cine de Israel arrasó con 6 premios, y la lista sigue extendiéndose allá por donde ha pasado en multitud de festivales y certámenes, es decir un éxito total y una respuesta unánime: "Vals con Bashir" es una película brillante, sencilla en su apariencia pero compleja en su estructura, muy elaborada y con un sentido del gusto exquisito. Una película original que merece la pena ser destacada por su interesante planteamiento, por el impacto que provoca y lo desgarradora que es y por la mano que ha mostrado el director en su elaboración, una cinta que debe verse.

Mi puntuación: 8/10.